Editorial

El cardenal Martínez y su visión de una prensa ética

Distintos titulares tuvieron ayer las secuelas del mensaje pronunciado por el cardenal Adalberto Martínez durante el tedeum celebrado en la Catedral …

| Por La Tribuna

Distintos titulares tuvieron ayer las secuelas del mensaje pronunciado por el cardenal Adalberto Martínez durante el tedeum celebrado en la Catedral Metropolitana. Aunque casi todos fueron por el perfil de los contenidos de cada año: la corrupción. Nosotros hemos tomado por el lado que concierne a nuestro trabajo: el ejercicio del periodismo.

Optamos por dicha arista porque la corrupción pública ya no es novedad. Tampoco es la ineficiencia política ni la realidad que pasa en los sectores y gremios privados. Lo que nos preocupa tiene que ver con que la prensa sea indicada o considerada como parte de la problemática nacional.

El arzobispo se refirió al libre ejercicio periodístico en pro del bien común. Sin embargo, para su utilidad, reclamó la vigencia de un periodismo ético. En otras palabras, sin los principios que respeten la razón de la prensa, las observaciones de los medios —que buscan mostrarse reflexivas y críticas— no serán tomadas como creíbles, ni mucho menos.

Dicho de otra forma, la prensa no puede estar señalando repetidamente errores a otros si no se observa ni un segundo a sí misma. De hecho, está en falta de su deber con la buena información cuando ignora pilares básicos de la profesión, como son la veracidad, el equilibrio, la pluralidad, la sensatez y el respeto, principalmente a la ciudadanía.

El periodismo profesional ético está basado en principios de responsabilidad, cuyo fin es comunicar con precisión, priorizando el interés público y el sumo cuidado a la dignidad humana. La prensa útil es esa que sirve a la gente con honestidad, es la que intenta y construye confianza frente a la desinformación.

El periodismo ético nada tiene que ver con la comunicación antisistema. Esta última es la que quiere mantenerse como único poder de Estado, por eso opera contra la institucionalidad. Es la que mantiene su campaña contra fiscales que se animan a imputar, jueces a quienes no controlan, legisladores a los que no puede someter y a ese Ejecutivo que no responde a sus intereses.

El cardenal Martínez no profundizó, pero dejó el mensaje que tiene clara la película de que el periodismo hoy, así como está, no es parte de la solución. A los que estamos en la prensa cuesta decir el relato presente en este editorial; lo más diplomático sería unirnos a silenciar el señalamiento que hizo el cardenal Martínez, pero el Paraguay institucional precisa, es así, la serenidad de la prensa.

Claramente, el periodismo debe ser tenaz, como perro de presa, controlando a los poderes, pero debe medir sus pasos en no confundir la voz que busca la mejora con el puñal que reacciona simplemente por intereses personales o del grupo. Esa conducta de años bien conocida, en parte de los medios, la Iglesia católica tiene bien identificada, sobradamente.

La Tribuna está dentro de las generales de la ley y asume que se debe informar con conciencia, sin causar daño innecesario, respetando siempre la privacidad y dignidad de las personas. La responsabilidad del periodismo ético implica rectificar errores y cumplir la tarea con transparencia, y también entender que su círculo es pasible de rendir cuentas ante los órganos jurisdiccionales de la República.

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