No es coincidencia nomás; es providencia que fusiona en una sola fecha la reflexión para valorar a los primeros patriotas y agradecer la sabiduría y el amor concentrados en la mujer, pues con la independencia nació la República y, en tanto, la madre asegura la familia como base de la sociedad paraguaya.
El Día de la Madre y la Independencia unen en esta fecha la figura materna (que brinda vida, protección y sustento) con la “madre patria” (en que se honra a los héroes que liberaron al país del yugo foráneo). Ambos acontecimientos, abrazados en este feriado, marcan la sólida fortaleza en carácter y personalidad del ser nacional.
En la conmemoración se exalta a la nación como cobijo de los ciudadanos y a la madre que está reflejada, por extensión, alcanza a todas las mujeres en la extraordinaria Juana María de Lara, quien fue clave en la maravillosa acción libertadora.
En Paraguay, la madre es bastión de la nación. Es por eso que ella y la patria son conceptos inseparables. Además de Juana María de Lara, las mujeres portaron armas ante la grosera agresión de la Triple Alianza comandada por Brasil, Argentina y Uruguay. Además, ellas pusieron su corazón, alma y sangre en la defensa del Chaco.
La independencia de la patria y madre paraguaya son indisolubles. La primera porque se gestó sin derramamiento de sangre, sin ayuda extranjera y en una maniobra criolla rápida, ordenada y estratégica. Lo trascendente de la segunda está resumido en las palabras del papa Francisco, quien definió a las compatriotas como “las más gloriosas de América”, destacando su valor, abnegación y papel histórico crucial para reconstruir el país.
La nación hoy es soberana, ya que la sociedad tiene libre expresión, hay libertad de prensa, el gobierno con autonomía decide su agenda exterior. En tanto, la madre permanece firme como soporte de un modelo de paraguayidad que garantiza la esperanza de una mejor República para la mayoría de los paraguayos.
El devenir impone la tarea de continuar la construcción de la nación digna en unidad de acción y sacrificio, como lo hicieron los valientes titanes de mayo. E igualmente corresponde seguir sosteniendo los principios naturales como sociedad sobre los inigualables dones y atributos que posee la madre.
Somos una raza indomable, y sí realmente, de características y de potenciales bien particulares. Eso es gracias a nuestros antepasados de mayo de 1811, que dieron la independencia al Paraguay, y por el sacrificio y blindaje inigualable, de ayer, hoy y siempre, de la majestuosa mujer y madre paraguaya.
Este feriado es ideal para unirnos en plena veneración y en eterno agradecimiento a esa mujer y madre paraguaya, y mantener la frente alta gozando con orgullo de la herencia de aquel memorable 14 y 15 de mayo de 1811.










