Editorial

¡Marcelo sigue vivo en el corazón y en el alma del buen paraguayo!

A cuatro años de su asesinato, La Tribuna recuerda a Marcelo Pecci, en su editorial y en sus páginas impresas (12-13) y digital, por su majestuosa es…

| Por La Tribuna

A cuatro años de su asesinato, La Tribuna recuerda a Marcelo Pecci, en su editorial y en sus páginas impresas (12-13) y digital, por su majestuosa esencia como persona, agente fiscal y patriota. Lo hacemos en el ideal de mantener incólume la figura emblemática más positiva y valiente del Paraguay en el siglo XXI.

Nuestra valoración sincera está en que sabemos que su memoria sigue más latente que nunca entre sus colegas, amigos y esa ciudadanía sana. Este grupo es el que diferencia que hoy están hasta quienes buscan sacar tajadas políticas, pero que lo trataron de lo peor cuando estaba cumpliendo funciones en el Ministerio Público.

En un tiempo de bulla politiquera en el país, es prudente sostener lo que representa Marcelo, pero en la voz de quienes le conocen a profundidad. Es para no dejarse llevar por los que presuntamente le extrañan, más bien por el miserable oportunismo. Por eso hemos decidido compartir el diario de la fecha escuchando, esta vez, a dos de sus mejores amigos: los fiscales Luis Piñánez y Sara Torres (leer las páginas).

La profesionalidad de Marcelo marca el legado de que es posible llevar el bien a favor de la República sin caer en el discurso barato, la membresía del operador político, el sesgo dogmático o, lo peor, pretender algún rédito que —lastimosamente— sucede actualmente, incluso de parte de personas y medios de prensa que (así como suena) le atacaron sin misericordia.

La moraleja de la ciudadanía de bien radica en ser un exquisito profesional y tam­bién buena persona como lo fue Marcelo. Eso conlleva el compromiso y el deber de no permitir que se manche su historia con aprovechamientos que, desde un tiempo a esta parte, pretenden los desalmados saqueadores.

Ya lo habíamos dicho una vez: Marcelo no representa simplemente el abstracto de los estados ideales, sino que pasó los exámenes a los que se sometió cada día en su trabajo visible y cotidiano. Él es un orgullo para sus amigos, un afecto de amor que sobrevive en su familia y una luz de comportamiento para el honesto consigo mismo.

Los que ahora le quieren supuestamente reivindicar y ayer le jugaban con filosas navajas son —por más de que suene duro hay que decirlo— politiqueros de baja calidad, meros estafadores y vulgares rufianes. Si buscan nombres y mejor precisión sobre esos canallas, es cuestión de mirar los archivos para saber quiénes le vociferaban y quiénes moldean hasta títulos en los medios con el afán de dañarlo.

Marcelo encarna el ideal de Aristóteles de que “el bien último o la felicidad del ser humano consiste en la perfección, en la plena realización de su función natural”. Él buscaba la perfección en su profesión. Era exigente consigo mismo, riguroso en su obligación, responsable en su tarea y con un amor indisoluble a la Patria.

La Tribuna brinda tributo a este enorme paraguayo. Su ejemplo de integridad debe ser valorado cuidando su rostro viviente, pues él sigue vivo en aquellos que le conocieron. Marcelo, efectivamente, se mantiene presente en el corazón de cada paraguayo y paraguaya de bien. Está inmortalizado y su legado es lo más valioso que tiene el pueblo guaraní en este siglo XXI.

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