Editorial

La irresponsabilidad personal repercute en la vida en sociedad

Así como hay rapidez en hacer la carga de presión sobre el otro, será bueno entender las prioridades que son exclusivamente individuales. Dos de esos…

| Por La Tribuna

Así como hay rapidez en hacer la carga de presión sobre el otro, será bueno entender las prioridades que son exclusivamente individuales. Dos de esos casos son la eliminación de criaderos de mosquitos y el vacunarse para frenar el dengue. La limpieza del patio corresponde a uno así como también la aplicación de las dosis contra el mal, que es ofrecida de forma gratuita por el Ministerio de Salud.

Valga el párrafo para comparar la agilidad para juzgar lo que debe hacer o dejar de hacer el otro y la lentitud —a veces— para asumir el deber de uno. Esa diferencia de comportamiento suele ser una constante. Como sociedad, hay una costumbre mayor de fomentar juicios instantáneos, hasta sin consideración, mientras que reconocer tareas propias requiere introspección y madurez emocional.

Para mostrar como ejemplo una obligación ciudadana corresponde mencionar que el Ministerio de Salud emitió un llamado urgente a padres y responsables de adolescentes a la inmunización contra el dengue. Insta a la vacunación porque la población no se presenta para la inoculación en el número debido, que es para evitar formas graves que la enfermedad trae como consecuencia ante la falta, incluso, de precaución.

Según datos oficiales de la institución pública, el sector adolescente constituye uno de los grupos de cuidado debido al impacto que está generando el mal en los últimos años. En contrapartida, no se está prestando atención a la necesidad de la inoculación. En tanto, la vacuna, que es gratis, mitiga complicaciones severas y fortalece la protección inmunitaria de los jóvenes.

Tanto el aspecto sanitario como la eliminación de recipientes con agua estancada y la limpieza del entorno son decisiones y acciones personales. En estos dos puntos no podemos culpar a los políticos, ni solo al vecino o a quien sea. Corresponde de manera especial al yo. La vacuna está disponible, su aplicación y el aseo del hogar constituyen una decisión en primera persona.

Aunque duela comprenderlo, parece más difícil cumplir con lo que corresponde a uno y resulta más fácil la crítica hacia el otro. A menudo, en lo general, se debe a la falta de hábitos estructurados, la holgazanería, el dejarse estar, la costumbre de eludir lo debido, la comodidad mal entendida o hasta una preferencia dogmática de observar lo externo y negarse uno mismo.

El llamado a acudir a los vacunatorios públicos es una estrategia de Estado que busca reducir las hospitalizaciones en un sector que registra una de las tasas de incidencia más elevadas del país. La comunidad equilibrada en derechos y deberes sabrá acoger su parte en la petición referida.

Con el ánimo de apelar a la conciencia, es bueno tener en consideración que el último lustro revela cifras alarmantes para el segmento de entre 10 y 14 años, con más de 37.900 casos registrados y una incidencia de 6.885 contagios por cada 100.000 habitantes. El esquema de la vacuna TAK-003, conocida como Qdenga, consta de dos dosis que deben aplicarse con intervalos de tres meses entre cada una. Ya demostró eficacia en la prevención de hospitalizaciones.

El quehacer queda en la voluntad y en la casa de cada ciudadano. La premisa a responder es que la vacunación debe complementarse estrictamente con la eliminación de criaderos de mosquitos, el uso de repelentes y la consulta médica inmediata ante los primeros síntomas. Empero, se debe dejar en claro que la irresponsabilidad personal afecta la calidad de vida en sociedad.

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