La mujer paraguaya es un orgullo nacional reconocido en el exterior. El papa Francisco afirmó que es la más gloriosa de América. Por liderar distintas áreas en el quehacer interno se posiciona sobre estándares promedio de buena parte del mundo. Es de justicia entonces reconocerla, de manera especial y preferencial, este 8 de marzo que se conmemora el Día Internacional de la Mujer.
Oficializada por la ONU en 1975, se recuerda hoy la lucha histórica por la igualdad, la justicia, la paz y el desarrollo de las mujeres. Es una fecha de reivindicación de derechos, de real empoderamiento y de reflexionar sobre la violencia de género. En el caso de las nativas es para justipreciar su esencia de compromiso con el país; cómo fue en el pasado, cómo es en el presente y por ser clave para el devenir.
Corresponde refrescar las afirmaciones del papa Francisco, quien calificó a la mujer paraguaya como “la más gloriosa de América”. Durante su visita en 2015, aunque fue más de una vez, destacó su fortaleza, valentía y capacidad de sacrificio para levantar al país y sostener a sus familias tras momentos históricos difíciles. La reconoció como el pilar fundamental de la nación.
En la actualidad, la mujer paraguaya es de exportación. Según estudios, dirige varias empresas superando, incluso, el promedio latinoamericano. Las mipymes, dirigidas por ellas, llevan la cultura y tradición al exterior, mientras que la mano de obra femenina sostiene la confección y la moda guaraní para varias marcas internacionales.
Así como la fecha conmemorativa se asocia con el incendio de la fábrica Cotton en Nueva York en 1908 (donde murieron trabajadoras en huelga), el origen también tiene otras razones. En el caso paraguayo, el poder femenino ya tiene origen con la misma Independencia (1811) con Juana María de Lara. Ni hablamos de las heroicas guerreras en la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870) y lo que hicieron en la defensa del Chaco (1932-1935).
Ellas son, en lo nacional, por historia, presente y futuro, una reserva de integridad, y para el mundo aportan esa humanidad a través de su participación en la educación, salud, economía y política. Son pilares en la construcción y la formación familiar, partiendo de la crianza y la transmisión de principios, que en su aspecto de bien son iguales a nivel global.
Toda sociedad precisa de una mujer genuina y verdaderamente empoderada. Es que su trascendencia es inconmensurable. La República tiene demasiada razones para cuidar su
imagen porque con su autoestima viene la confianza personal y el desarrollo de la vida en comunidad.
Valga este domingo para reconocer la resiliencia y los logros alcanzados por ellas en el mundo, pero de manera especial lo que aportan las compatriotas por la nación guaraní. Su aumento de dirigencia en el sector privado, en la política y en la vida social en general fomenta la diversidad, consuma más colaboración y proyecta soluciones integrales a los problemas que parecen complejos.


