La banca privada hizo su parte para la valoración macroeconómica nacional en la esfera internacional. De hecho, fue clave para el logro del grado de inversión. Un ejemplo más de ese progreso fue que Standard & Poor’s (S&P) Global Rating, en la presente semana, cambió a “positiva” la perspectiva del sector, que ratifica solidez financiera y menor vulnerabilidad ante factores externos.
Debe ser motivo de satisfacción que la banca paraguaya esté caracterizada por el crecimiento sostenido. Eso le configura una imagen creíble y robusta. Revela que cuenta con liquidez, rentabilidad en aumento y una cartera de créditos sana. En medio de la situación mencionada, cabe destacar el respaldo político y el control llevados, con rigurosidad, por el Banco Central del Paraguay (BCP).
Ciertamente, esa cadena de aciertos profesionales fue una de las bases para el grado de inversión otorgado por Standard & Poor’s en diciembre del 2025. Aunque para las calificaciones positivas, igualmente, tuvo su cuota de respaldo la administración pública, con el control tributario y el cumplimiento de las demás obligaciones de su competencia.
La fortaleza y la robustez están demostradas con los números al cierre del 2025, en que el sector financiero mostró un aumento en sus utilidades del 9,7%, superando los USD 600 millones. Esa señal de confianza está en los activos que, significativamente, alcanzaron USD 37.355 millones, lo que refleja un alto crédito hacia el sistema de parte del público.
Lo bueno vale expresarse, por eso cabe sostener que, hoy en día, la banca mantiene una buena gestión de riesgos y capitaliza sus ganancias. Es uno de los pilares de la economía nacional, con un entorno favorable para la inversión, un marco regulatorio fortalecido y un rostro saludable de eficiencia.
Merece comprensión, y eso debe quedar claro, que un esquema financiero sano es, en esencia, el espacio circulatorio de la economía de un país. Sin él, el dinero no fluye, no se mueve, el desarrollo se detiene y el crecimiento se estanca. Es vital, por ende, la canalización del ahorro hacia la inversión país.
Muchos dirán que es prematuro, ¡y no es así! Mañana lunes, que se inician las clases en todas las escuelas de manera oficial, es un deber introducir la educación financiera como materia; hay que hablar de cómo se mueve el dinero. En eso, debe recordarse lo básico: el sistema financiero toma el dinero de las personas que tienen excedentes y lo entrega a quienes necesitan capital para el trabajo (emprendedores, empresas o el Estado).
La educación financiera incidirá, categóricamente, en la generación del futuro de la República. La revolución que hace la banca está en la oportunidad que permite para que se puedan crear empresas, fábricas, pymes, apuntalar el agro, desarrollar la ganadería y empujar toda iniciativa laboral, que son los hechos tangibles para el progreso.
Genera expectativa de mayor crecimiento la coyuntura en evolución de un modelo financiero moderno con transacciones rápidas, seguras y digitales (transferencias, tarjetas, apps). Es todo ese conjunto de eficacia y protección, en suma, lo que hacen que la actual banca paraguaya blinde de manera segura a personas y empresas contra posibles riesgos, factores también reconocidos por los exigentes inversores, los severos mercados y las estrictas calificadoras extranjeras.


