Es relevante que el presidente Santiago Peña recupere el valor de una jefatura de Gabinete. En función, el designado es el principal organizador estratégico entre el mandatario y el primer anillo dentro del espectro del Ejecutivo. Además, debe vérsele como un asesor en un trayecto sin retorno para esta segunda parte del Gobierno en que la población será más exigente.
El presidente oficializó la designación de Javier Giménez como jefe de Gabinete. Una figura que el mismo gobernante destacó como clave para encarar la segunda etapa del período presidencial. Su expectativa en esta nueva fase es que se imprima un cambio en la dinámica de gestión, agregando —con razón— que la ciudadanía ya no tiene paciencia ni admite excusas, exigiendo resultados concretos.
El funcionario, en términos empresariales privados, “será el CEO” (Chief Executive Officer) en esta administración. Algo así como un consultor interno o director ejecutivo en la gestión y dirección en la toma de decisiones de relevancia. Habrá de encarar la visión y el crecimiento actuando como nexo directo entre el Ejecutivo y los llamados principales colaboradores.
Era necesario el nombramiento de alguien de confianza tras la renuncia de Lea Giménez, quien dejó vacío el puesto en el 2024. Con dicha decisión, se configura el círculo del Palacio de los López en la etapa intermedia del mandato. Lo hace en un buen momento, al entenderse que, a partir de ahora, todo lo que haga o deje de hacer como esfuerzo el Gobierno será medido con mayor rigor.
El alto funcionario tendrá una ardua tarea en coordinar el equipo de trabajo, gestionar la agenda, filtrar los temas, discriminar el flujo de información, y alinear las acciones de los ministerios y direcciones en los objetivos del servicio de eficiencia de cara a la opinión pública.
Lo novedoso es que la jefatura de Gabinete amplió su competencia. No se trata solo de coordinar el trabajo de 17 ministerios, 11 secretarías, más de 30 instituciones descentralizadas y una decena de empresas públicas, sino de articular una gestión integral, cuyo eje central sea el ciudadano que habita y trabaja en el suelo guaraní.
Con el nombramiento del exministro de Industria, el mandatario anhela consolidar el seguimiento diario de las políticas públicas de su administración. “La incorporación de Javier me da un impulso para involucrarme aún más en la gestión de todas y cada una de las áreas del Gobierno. Nuestra agenda y nuestro objetivo para estos 30 meses restantes son ambiciosos”, expresó Peña.
Observando en términos deportivos, el Gobierno empezó el segundo tiempo. En la otra mitad administrativa hay escaso espacio para los errores y en que las improvisaciones pueden tener alto costo. Encima, en breve vienen las elecciones nacionales, donde la continuidad del equipo político dependerá, en porcentaje, de la aceptación o no de los aspectos que se hicieron o se dejaron de ejecutar.
La persona designada tiene la capacidad, el conocimiento y las condiciones para ayudar en el éxito final del Gobierno. Bien lo definió el presidente Peña: es la coyuntura para redoblar la tarea orientada a brindar respuestas. Sin ignorar a ningún sector, pidió priorizar, principalmente, las acciones hacia los que más necesitan la atención y el acompañamiento del Estado. Eso es correcto.


