Editorial

Será difícil dar atención y afecto sin amor propio

Es una oportunidad, asumiendo que más bien es encarado por el lado comercial, para enaltecer, valorar y reivindicar pequeños gestos que encaminan y s…

| Por La Tribuna

Es una oportunidad, asumiendo que más bien es encarado por el lado comercial, para enaltecer, valorar y reivindicar pequeños gestos que encaminan y sostienen la conexión cotidiana para la convivencia social. Gana trascendencia reconociendo que San Valentín crece —cada año más— en visibilidad por la fuerza de una globalidad que fusiona —estratégicamente— tradición y marketing.

Resulta por ello interesante, para el tiempo actual, vincular el Día de los Enamorados a esa fuerza capaz de superar adversidades y unir a las personas. Respetando el derecho a la publicidad de anexarlo a los regalos, el compromiso real está en el gozoso vínculo gratificante en el cual es fundamental la sinceridad en el afecto.

La recordación tiene sus orígenes en un sacerdote cristiano del siglo III en el Imperio romano (San Valentín, fallecido hacia el año 269-270 d.C.). Según la tradición, desafió al emperador Claudio II al casar en secreto a parejas jóvenes, ya que el emperador prohibía el matrimonio, que consideraba contraproducente para sus soldados.

Valentín fue martirizado y decapitado el 14 de febrero por sus acciones. Entre aquellas opiniones encontradas sobre la celebración, una forma digna de recordarlo, en especial por el individualismo de la era actual, radica en una vibra para superar obstáculos, tal como él lo hizo, para lo cual puso a prueba fidelidad, coraje y sentimiento sin prejuicios hacia los demás.

El lado romántico deja la moraleja de que el amor puede superar dificultades, incluso en situaciones trágicas. Ante el auge de la promoción, con mayor intensidad por la masificación ágil que permite la tecnología, que lo tiene cada vez más viralizado, toma preponderancia la importancia de la empatía y de saber comprender a la otra persona.

Esta vida moderna asume a San Valentín como un estímulo comercial y socialmente para pausar la rutina y así brindar un tiempo distinguido a la pareja. Sin embargo, será oportuno, igualmente, propiciar espacios de privilegio al amor propio, una necesaria conexión emocional y hasta espiritual, para respirar más relajado en un mundo demasiado acelerado.

Difícilmente puede darse amor a otro si no existe en uno mismo. El estado de aprecio hacia el propio ser surge de acciones que apoyan el crecimiento como persona que vive en comunidad. No es una apología al narcisismo o el egoísmo, sino a ese estado mental de quererse de la mejor manera para fomentar relaciones saludables y fructíferas.

San Valentín aceptaba su propia esencia, era el principio de donde partía y conocía el entorno inmediato. Con sabiduría entendía que el genuino amor estaba en reconocer el derecho de los terceros. Esa confianza tuvo inicio y razón en su diálogo interno, que sirvió para que luego, con autenticidad y resiliencia, enfrentar al poder que en ese tiempo proponía solo la exclusión y lo marginal.

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