Economia

Paraguay, electricidad y desarrollo con el reto de empleo sostenible

Paraguay dispone de una de las matrices eléctricas más limpias y abundantes de la región, pero el desafío central ya no pasa solo por generar energía…

| Por La Tribuna
La energía hidroeléctrica es uno de los principales activos estratégicos del Paraguay para impulsar el desarrollo productivo y el empleo formal.

Paraguay dispone de una de las matrices eléctricas más limpias y abundantes de la región, pero el desafío central ya no pasa solo por generar energía, sino por convertir ese recurso en desarrollo económico y empleo sostenible. La discusión sobre el uso productivo de la electricidad vuelve a instalarse como un eje clave para el crecimiento del país.

El sistema energético paraguayo se apoya casi exclusivamente en fuentes hidroeléctricas, lo que le otorga una ventaja comparativa singular frente a otros países de América Latina. Sin embargo, durante años el debate se concentró en la cesión de excedentes y en los ingresos asociados a la venta de energía, dejando en segundo plano su potencial como insumo estratégico para la producción y el trabajo.

Especialistas del sector coinciden en que el consumo interno de electricidad es un reflejo directo del nivel de actividad económica. A mayor demanda local, menor volumen de excedentes disponibles para la exportación, un fenómeno que, lejos de ser negativo, indica un mayor dinamismo productivo. En ese sentido, la reducción de la energía cedida debe interpretarse como una señal de crecimiento y no como una pérdida de oportunidades.

En el caso de la energía proveniente de la Itaipú Binacional, el esquema vigente establece que Paraguay puede utilizar la totalidad de la energía que le corresponde, siempre que se abonen los costos establecidos. La cesión se produce únicamente cuando esa energía no es absorbida por el mercado interno, lo que refuerza la necesidad de ampliar la base productiva nacional capaz de demandarla.

El costo de la energía hidroeléctrica se ubica en torno a los USD 37 a 38 por megavatio hora, cifra que contempla gastos operativos, salarios, inversiones y transferencias al Estado. A ese valor se suman ingresos adicionales derivados de la cesión, pero distintos análisis advierten que una eventual comercialización directa en mercados externos no garantizaría mayores beneficios netos, debido a costos y condiciones similares.

Más allá de la discusión financiera, el foco estratégico está puesto en cómo utilizar la electricidad como motor de transformación productiva. Sectores industriales intensivos en energía, servicios tecnológicos, manufacturas y nuevas economías vinculadas a la innovación aparecen como áreas con alto potencial para generar empleo formal y valor agregado dentro del país.

Uno de los campos con mayor margen de reconversión es el transporte. Se estima que cerca del 44% de la energía consumida en Paraguay se destina a este sector, que aún depende mayoritariamente de combustibles fósiles importados. La electrificación progresiva del transporte representa una oportunidad para reducir costos, mejorar la balanza comercial y avanzar hacia un modelo energético más eficiente y sostenible.

El impulso a la electromovilidad no solo tendría impacto ambiental, sino también económico y laboral. El desarrollo de infraestructura de carga, la fabricación y mantenimiento de equipos, así como los servicios asociados, podrían generar nuevas fuentes de empleo y fortalecer cadenas productivas locales, con efectos positivos en distintas regiones del país.

En este contexto, la energía deja de ser un recurso pasivo para convertirse en una herramienta activa de desarrollo. Transformar electricidad en empleo implica planificación, políticas públicas coherentes y un enfoque de largo plazo que priorice la industrialización y el fortalecimiento del mercado interno.

Paraguay se encuentra ante una oportunidad histórica. Con una base energética sólida y una demanda en crecimiento, el país tiene las condiciones para avanzar hacia un modelo de desarrollo que combine competitividad, sostenibilidad y generación de empleo. El reto es claro: aprovechar la electricidad no solo como fuente de ingresos, sino como pilar de un crecimiento económico más inclusivo y duradero.

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