Economia

El caso “Cabeza Branca” y el rol clave del banco Atlas en el esquema

“Cabeza Branca”: narcolavado, testaferros y la sombra del banco Atlas.La captura del capo Luiz Carlos da Rocha, alias Cabeza Branca, destapó una red …

| Por La Tribuna
Agregar La Tribuna en
Una arista polémica del caso “Cabeza Branca” es la conexión con el banco Atlas, perteneciente al Grupo Zuccolillo. En noviembre del 2015, Atlas otorgó un préstamo de USD 6,5 millones a la empresa Biobras aceptando como garantía hipotecaria la estancia Cielo Azul.

“Cabeza Branca”: narcolavado, testaferros y la sombra del banco Atlas.
La captura del capo Luiz Carlos da Rocha, alias Cabeza Branca, destapó una red continental de narcotráfico y lavado de dinero con ramificaciones en Paraguay. Empresas de fachada, estancias ganaderas y un millonario préstamo del banco Atlas –vinculado al Grupo Zuccolillo– emergen en este caso como piezas claves en el blanqueo de capitales del llamado “barón de la droga”.

“El barón de la droga” y sus operaciones binacionales

Luiz Carlos da Rocha, conocido como “Cabeza Branca” (cabeza blanca), fue durante décadas uno de los narcotraficantes más buscados de Sudamérica. Para el momento de su arresto en Brasil, en julio del 2017, acumulaba condenas que superaban los 50 años de cárcel. Operaba en las sombras: se sometió a cirugías estéticas y usaba identidades falsas para evadir a las autoridades. Su organización traía toneladas de cocaína desde Colombia, Perú y Bolivia en avionetas que descargaban en haciendas remotas de Brasil, para luego enviar la droga en camiones al puerto de Santos y exportarla a Europa y EE. UU. Tras la Operación Spectrum –el golpe policial que lo aprehendió– se supo que Paraguay era una base financiera de su imperio delictivo.

En territorio paraguayo, “Cabeza Branca” invertía fuertes sumas en propiedades rurales para lavar ganancias del narcotráfico. La Fiscalía local lo señaló como el principal “inyector” de dinero sucio del narcotráfico en el país. De hecho, acumuló al menos 20 estancias (ranchos) en Paraguay, valoradas en decenas de millones de dólares. Siete de esas fincas fueron incautadas y puestas bajo administración de la Senabico (Secretaría Nacional de Bienes Incautados) al destaparse el esquema. Según estimaciones de investigadores, la fortuna personal de Da Rocha rondaba fácilmente los USD 100 millones.

Lavado de dinero con testaferros y empresas de fachada

El imperio de Cabeza Branca se sostenía gracias a una red de testaferros (prestanombres) y empresas de maletín utilizadas para blanquear capitales ilícitos en Paraguay y Brasil. Tras la caída del narco en el 2017, autoridades paraguayas con apoyo de la Policía Federal brasileña identificaron más de 20 prestanombres y un centenar de propiedades vinculadas a Da Rocha. Muchas eran estancias ganaderas; otras, firmas comerciales falsas creadas para justificar ingresos. Entre estas empresas de fachada se destacó Biocombustible Brasilero SA (Biobras), presidida por Gilberto Suárez, un modesto operador agrícola acusado de ser el testaferro de confianza del capo. A través de Biobras, Da Rocha canalizaba inversiones en tierras: en el 2010, por ejemplo, esta firma compró la estancia Cielo Azul –unas 5.945 hectáreas en Concepción– por USD 2,5 millones, operación que luego sería clave en la trama de lavado.

Las pesquisas revelaron que los testaferros manejaban un voluminoso patrimonio difícil de justificar con sus perfiles económicos reales. Pese a ello, durante años movieron dinero a través del sistema financiero sin levantar alarmas mayores. Fue solo tras la detención de “Cabeza Branca” que se iniciaron procesos penales en Paraguay por lavado de activos, imputando a una veintena de personas de su círculo por blanquear ganancias del narcotráfico. Para el 2020, la Justicia paraguaya había incautado 8 estancias, 1.401 cabezas de ganado, 84 inmuebles y 57 vehículos vinculados al esquema, valorados en más de USD 56 millones. No obstante, muchos de esos bienes quedaron envueltos en batallas legales sobre su destino final.

El millonario préstamo del banco Atlas y sus omisiones

Una arista polémica del caso es la conexión con el banco Atlas, entidad financiera de Paraguay perteneciente al Grupo Zuccolillo (que también controla el diario Abc Color). En noviembre del 2015, el banco Atlas otorgó un préstamo de USD 6,5 millones a la empresa Biobras –la compañía de Gilberto Suárez– aceptando como garantía hipotecaria la estancia Cielo Azul. Documentos revelan que el acuerdo fue firmado por representantes legales de Atlas y por Suárez junto a su esposa, Rosa Amarilha Gomes (como codeudora). Que un supuesto agricultor (“tractorista”) accediera a una línea crediticia tan elevada debería haber encendido señales de alerta en el banco. Sin embargo, Atlas no activó los protocolos reforzados de debida diligencia para clientes de alto riesgo, requeridos por la normativa antilavado vigente desde el 2014. Según reconoció la propia entidad, en ese momento “no existían indicios […] de actividad ilícita alguna” en los documentos presentados por Suárez. En otras palabras, el banco otorgó el crédito millonario sin detectar –o reportar– la dudosa justificación patrimonial de su cliente, quien resultó ser el prestanombre de uno de los mayores narcotraficantes de la región.

A finales del 2017, tras la publicación en prensa de información que vinculaba a Biobras con el narcotráfico, Atlas afirma que aplicó los procedimientos internos previstos por la Seprelad (Secretaría de Prevención de Lavado). El crédito pronto dejó de pagarse y en el 2019 el banco inició acciones legales para ejecutar la hipoteca de Cielo Azul. Dicha estancia ya había pasado a la administración de Senabico en el marco de la causa judicial contra “Cabeza Branca” y sus testaferros, lo que derivó en un conflicto entre la entidad bancaria y el Estado paraguayo. Mientras Atlas buscaba rematar la propiedad para recuperar su dinero, la Fiscalía y Senabico pugnaban por preservar el inmueble como activo incautado del crimen organizado.

En diciembre del 2023, un juez autorizó el remate de Cielo Azul, desencadenando críticas desde sectores antilavado. La finca está valuada en alrededor de USD 18 millones, pero el banco Atlas reclama “solo” unos USD 3 millones pendientes de su préstamo original. Organismos estatales advirtieron que, de concretarse la subasta en esas condiciones, el banco obtendría un beneficio extraordinario en desmedro del erario público. Atlas, por su parte, se defendió negando intenciones de lucro: sostiene que busca únicamente cobrar la deuda y que coordinará con Senabico para entregar cualquier excedente al Estado. No obstante, la controversia puso bajo la lupa el papel de la banca en el esquema de lavado.

Implicancias y respuesta institucional

El Ministerio Público abrió una investigación por lavado de dinero que salpica a los directivos del banco Atlas, ante la sospecha de que la concesión irregular de créditos facilitó el blanqueo de capitales del narco. A más de cinco años de iniciarse, dicha pesquisa fiscal sigue técnicamente abierta, pero sin avances concluyentes. De comprobarse la participación o negligencia dolosa, los responsables enfrentarían severas sanciones administrativas e incluso penas de cárcel. El propio banco Atlas admitió públicamente –mediante un comunicado tardío– sus operaciones con la firma de un prestanombre de “Cabeza Branca”, aunque ha omitido responder por qué no reportó como sospechosa una transacción tan atípica.

El escándalo ha tenido un impacto institucional y mediático significativo. En el 2022, el organismo regional Gafilat (Grupo de Acción Financiera de Latinoamérica) destacó el caso “Cabeza Branca” como emblemático en la lucha contra el lavado, subrayando llamativamente que en este y en el caso FIFA/Conmebol (FIFAGate de Nicolás Leoz) hubo directa participación del banco Atlas. También se reveló que las autoridades paraguayas debieron allanar la Superintendencia de Bancos ante la renuencia de este banco a entregar información sobre cuentas de Leoz, otro antecedente que ensombrece los controles internos de Atlas.

Por otra parte, la prensa local enfrentó cuestionamientos éticos. Abc Color, diario del Grupo Zuccolillo, dedicó editoriales a criticar la inacción fiscal contra el lavado de dinero, pero omitió inicialmente mencionar el vínculo de su propio banco con “Cabeza Branca”. Esta omisión fue vista como un conflicto de interés y una muestra de poder fáctico: mientras se denuncia la corrupción ajena, se silencia un caso que roza a los intereses del grupo empresarial. Observadores señalan que “Cabeza Branca” llegó a inyectar más capital ilícito en Paraguay que incluso el célebre lavador Darío Messer, evidenciando la magnitud del fenómeno y la necesidad de una respuesta más contundente.

En síntesis, el caso “Cabeza Branca” expone las profundas conexiones entre el narcotráfico y sectores financieros de la región. La utilización de testaferros y empresas pantalla permitieron al narco blanquear millones con aparente normalidad, hasta comprometer a instituciones formales como un banco de primera línea. Paraguay y Brasil siguen enfrentando las secuelas de esta red: juicios pendientes, bienes incautados en disputa y cuestionamientos a la eficacia de los controles antilavado. La historia de Luiz Carlos da Rocha –de capo fugitivo a preso, y de inversor clandestino a protagonista de uno de los mayores casos de narcolavado– se convirtió en una alerta regional sobre cómo el dinero del crimen organizado puede permear el sistema financiero si no se refuerzan la transparencia y la vigilancia institucional. Las lecciones de “Cabeza Branca” resuenan hoy en las políticas contra el lavado de activos, recordando que ninguna entidad está exenta de escrutinio cuando el dinero del narco busca blanquear su rostro.

También te puede interesar

Últimas noticias