Economia

Contratos públicos exigen desde enero comprobantes electrónicos

A partir del inicio del 2026, venderle al Estado implica un cambio clave en la forma de facturar. Desde enero, los proveedores de bienes y servicios …

| Por La Tribuna
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 A partir del inicio del 2026, venderle al Estado implica un cambio clave en la forma de facturar. Desde enero, los proveedores de bienes y servicios públicos deben emitir obligatoriamente facturas electrónicas, dejando atrás el comprobante en papel. La exigencia marca un nuevo paso en el proceso de digitalización de las compras públicas y redefine las reglas para quienes mantienen contratos con organismos estatales.

La disposición alcanza a empresas, consultores y profesionales que trabajan con ministerios, entes autárquicos, municipalidades, gobernaciones y otras instituciones públicas. En la práctica, significa que ninguna operación con el Estado podrá ser cobrada si no cuenta con un comprobante electrónico válido, emitido a través del sistema habilitado por la administración tributaria.

La obligación se instrumenta a través del Sistema Integrado de Facturación Electrónica Nacional (Sifen), administrado por la Dirección Nacional de Ingresos Tributarios. Este sistema centraliza la emisión, validación y registro de los documentos tributarios electrónicos, permitiendo un control en tiempo real de las operaciones realizadas con el sector público.

Hasta ahora, la facturación electrónica avanzaba de forma gradual en Paraguay, con cronogramas escalonados según el tipo y tamaño del contribuyente. Sin embargo, la relación con el Estado introduce una excepción relevante: independientemente del grupo tributario al que pertenezca el proveedor, desde enero deberá facturar de manera digital si quiere mantener o cobrar contratos públicos.

El cambio apunta a reforzar la transparencia y la trazabilidad en las compras estatales. Al eliminar el papel, cada operación queda registrada digitalmente, lo que facilita los controles, reduce márgenes de discrecionalidad y permite un seguimiento más preciso del uso de los recursos públicos. Para el Estado, también supone una herramienta para ordenar procesos administrativos y agilizar los pagos.

Desde el punto de vista de las empresas, el desafío es doble. Por un lado, cumplir con los requisitos técnicos del sistema; por otro, hacerlo en un plazo ajustado. Convertirse en facturador electrónico implica contar con un software compatible, firma digital, conexión estable y personal capacitado para operar bajo el nuevo esquema. Para grandes proveedores, este proceso suele estar avanzado, pero para pequeñas y medianas empresas puede representar una adaptación significativa.

El impacto se siente con mayor fuerza en los proveedores ocasionales del Estado, aquellos que no facturan de manera permanente al sector público y que, hasta ahora, operaban con esquemas más simples. Para ellos, el cambio exige inversión, capacitación y ajustes internos en poco tiempo, bajo el riesgo de no poder cobrar si no cumplen con la normativa.

La medida no alcanza a todos por igual. Los contratos de prestación de servicios personales regidos por normas específicas de la función pública quedan exceptuados de esta obligación. Sin embargo, la mayoría de las contrataciones estatales sí deberán adecuarse al nuevo sistema, lo que amplía de forma considerable el universo de contribuyentes alcanzados.

Más allá de la exigencia puntual, la obligatoriedad para los proveedores del Estado se inscribe en un proceso más amplio de modernización del sistema tributario paraguayo. La digitalización avanza como estándar, con el objetivo de reducir costos administrativos, mejorar la calidad de la información fiscal y fortalecer los mecanismos de control.

En los próximos meses se verá el impacto real de esta decisión. Para algunos sectores, será un paso necesario hacia un Estado más eficiente y transparente; para otros, un reto adicional en un contexto económico que exige adaptarse rápidamente. Lo concreto es que, desde enero, cobrarle al Estado ya no será solo una cuestión de cumplir un contrato, sino también de estar plenamente integrado al sistema de facturación digital.

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