La última edición de la Feria Ary Paha, realizada en Asunción como parte del cierre de actividades de 2025, volvió a confirmar el peso económico de la agricultura familiar. Con una recaudación que superó los G. 360 millones, el evento se convirtió en uno de los espacios de venta directa más relevantes del año para pequeños productores de distintos puntos del país.
El movimiento generado durante la Feria Ary Paha dejó algo más que puestos colmados y compradores circulando desde temprano. Detrás de los números, el evento reflejó una dinámica que viene ganando terreno en Paraguay: la del productor que vende sin intermediarios, con precios competitivos y con la posibilidad de mostrar el valor real de su trabajo.
Durante varios días, la Costanera de Asunción se transformó en un punto de encuentro entre el campo y la ciudad. Familias productoras provenientes de departamentos como San Pedro, Caaguazú, Paraguarí, Itapúa y Central llegaron con camiones cargados de mercadería fresca y productos elaborados, logrando una rotación constante que derivó en ingresos que, para muchos, representan una parte clave del balance anual.
La cifra de más de G. 360 millones en ventas no surge de una sola jornada, sino del acumulado generado a lo largo del desarrollo de la feria, con un flujo sostenido de compradores que respondieron a una oferta variada y precios accesibles. En un contexto de cierre de año, el consumo acompañó y permitió que los productores regresaran a sus comunidades con resultados concretos.
Uno de los puntos que explica el éxito de Ary Paha es la diversidad de su oferta. Verduras y frutas de estación, carnes frescas, quesos artesanales, huevos caseros, miel, harinas, granos y mandioca fueron algunos de los productos más buscados. A eso se sumaron alimentos procesados de manera artesanal, además de flores, plantas y artesanías, lo que amplió el atractivo del evento para distintos perfiles de consumidores.
La venta directa no solo impacta en el ingreso inmediato. Para muchos productores, la feria funciona como una vidriera que les permite fidelizar clientes, tomar contacto con compradores habituales y medir la aceptación de sus productos en el mercado urbano. En varios casos, los feriantes destacaron que una buena parte de quienes se acercan ya conocen la dinámica y esperan estas fechas para realizar compras en volumen.
Otro aspecto que se consolidó en esta edición fue la organización colectiva. Más de 900 familias participaron a través de asociaciones y comités productivos, lo que facilitó la logística, el transporte y la distribución de los espacios. Esta modalidad permitió una mayor presencia territorial y una oferta más equilibrada, evitando concentraciones en pocos rubros.
El impacto de Ary Paha también se explica por su continuidad. A lo largo del año, este tipo de ferias se replicó en distintos puntos del país, generando un circuito de comercialización que ya no depende exclusivamente de eventos puntuales. Esa regularidad es la que permite que los ingresos no queden limitados a una sola fecha, sino que se distribuyen a lo largo de varios meses.
Si bien el cierre de 2025 dejó cifras destacadas, el trasfondo es más amplio. La agricultura familiar viene mostrando que, con espacios adecuados y acceso directo al consumidor, puede generar movimiento económico, sostener empleos rurales y aportar al abastecimiento interno con productos frescos y de origen local.
En un año marcado por desafíos climáticos y costos crecientes, la Feria Ary Paha se posicionó como una herramienta concreta para fortalecer la economía de base rural. Los resultados obtenidos refuerzan la idea de que la venta directa no es solo una alternativa, sino una pieza clave dentro del engranaje productivo del país.


