El analista sostiene que este avance responde a un proceso gradual y constante de formalización. En ese sentido, explica que el empleo asalariado privado muestra una evolución “aritmética”; es decir, con mejoras que se repiten año tras año, sin saltos abruptos, pero con ascenso. Esta dinámica, afirma, es clave para fortalecer la base del sistema laboral paraguayo.
Para López Arce, el asalariado privado representa el tipo de empleo que garantiza condiciones mínimas de estabilidad para los trabajadores. Se trata de puestos con salario mensual, aportes al Instituto de Previsión Social, cobertura médica y la posibilidad de acceder a una jubilación. En un contexto donde la informalidad sigue siendo uno de los principales desafíos estructurales del país, el crecimiento de esta modalidad aparece como un indicador positivo de mejora en la calidad del empleo.
Las proyecciones refuerzan este escenario
Según el especialista, este año podría registrarse un nuevo máximo histórico, con un pico estimado de 1.460.000 asalariados privados, especialmente hacia el cuarto trimestre. Tradicionalmente, este periodo concentra una mayor actividad económica, impulsada por el comercio, la industria y los servicios, lo que suele traducirse en una mayor demanda de mano de obra formal.
El crecimiento cuantitativo del empleo plantea nuevos desafíos, entre ellos uno de los principales, según López Arce, es la fuerte expansión del trabajo de medio tiempo o tiempo parcial, que en los últimos años habría aumentado cerca de 300%. Si bien esta modalidad permitió incorporar a más personas al mercado laboral, el desafío es que estos puestos puedan transformarse en empleos de tiempo completo, con mayor estabilidad y mejores ingresos.
En este punto, el especialista apunta al rol de las grandes empresas e industrias. Actualmente, apenas 200.000 paraguayos trabajan en empresas con más de 100 empleados, una cifra reducida si se la compara con otros países de la región. Según López Arce, es en este tipo de compañías donde se concentran los mejores salarios y los niveles más altos de formalidad, por lo que atraer inversiones de mayor escala resulta clave para consolidar el crecimiento del empleo formal.
El sector industrial, en particular, se destaca como el más formalizado del mercado laboral, ya que allí se registra una mayor proporción de trabajadores con cobertura social y contratos estables, lo que convierte a la industria en un pilar central para la generación de empleo de calidad. Por ello, el analista insiste en la necesidad de seguir promoviendo la llegada de nuevas industrias y la expansión de las ya existentes.
El desafío, coinciden los especialistas, ya no es solo crear más puestos de trabajo, sino avanzar hacia una estructura laboral más sólida, con mayor presencia de empleo formal, de tiempo completo y con mejores condiciones para los trabajadores.


