-¿Cuáles son, a su criterio, los principales desafíos que aún quedan pendientes para consolidar esta expansión (crecimiento del PIB) y evitar que sea un pico coyuntural?
-La economía paraguaya ha registrado un crecimiento sostenido en los últimos tres años, por encima del 5% en promedio, por lo que la expansión prevista para el 2025 y el 2026 no puede interpretarse como un fenómeno aislado o meramente coyuntural. En este sentido, la composición del crecimiento resulta fundamental: en estos últimos años se observa una diversificación de la estructura productiva, configurando un crecimiento equilibrado entre todos los sectores, lo que no solo impulsa el dinamismo, sino que ha sido clave para compensar shocks climáticos adversos, ganando resiliencia. Esto fortalece las perspectivas de continuidad y solidez del proceso de crecimiento en el mediano y largo plazo.
Asimismo, la estabilidad macroeconómica fue un elemento clave para la obtención del grado de inversión, primero por parte de Moody’s y, más recientemente, de Standard & Poor’s. Este logro, junto con el mantenimiento de uno de los indicadores de riesgo país (EMBI) más bajos de la región, nos posiciona en una situación privilegiada que debe ser cuidadosamente resguardada.
Por tanto, para consolidar y profundizar esta trayectoria, uno de los desafíos permanentes es preservar la prudencia, la consistencia y la previsibilidad de las políticas económicas. El orden macroeconómico ha sido un pilar central para la generación de confianza entre los agentes económicos, que se refleja en el crecimiento de la inversión, tanto local como extranjera.
Además de la continuidad de la estabilidad macroeconómica, debemos avanzar en el fortalecimiento institucional y la profundización de reformas estructurales que sigan apuntalando la confianza de los inversionistas y aseguren que el crecimiento no sea transitorio, sino sostenible en el tiempo, y se traduzca en más diversificación productiva y generación de oportunidades de empleo de calidad. Y mirando más al largo plazo, desde ya, profundizar la inversión en capital humano.
-¿Qué medidas se deberían impulsar para reducir la volatilidad agrícola y proteger la estabilidad macroeconómica en el 2026?
-Tal como mencionaba, la evolución reciente de la economía paraguaya evidencia un proceso firme de transformación estructural. En particular, mientras los sectores con mayor dependencia climática, como la agricultura y las binacionales, mostraron una desaceleración en la última década, los servicios y las manufacturas continuaron liderando el crecimiento. En este contexto, el comportamiento del PIB excluyendo agricultura y binacionales presenta una trayectoria sostenida, reflejo de una estructura productiva cada vez más diversificada, compleja y moderna, lo que contribuye a reducir la vulnerabilidad ante choques climáticos.
Este proceso de diversificación fortalece la estabilidad macroeconómica al permitir una mejor distribución de los riesgos y al sentar las bases para un crecimiento más equilibrado y sostenible. Una economía menos expuesta a factores exógenos, como las condiciones climáticas, ofrece mayor previsibilidad de los ciclos económicos, facilitando la toma de decisiones tanto de los agentes económicos locales como de los inversionistas extranjeros.
De cara al 2026, el desafío central será profundizar este proceso mediante políticas y reformas que promuevan la inversión en sectores con menor dependencia climática, tales como las industrias de celulosa y energías renovables. Proyectos como Paracel o Atome ilustran el potencial de estos rubros para ampliar la base productiva del país. El objetivo es consolidar una matriz económica en la que la manufactura y los servicios continúen ganando participación, contribuyendo así a mitigar la volatilidad asociada al sector agrícola y a reforzar la estabilidad macroeconómica de Paraguay en el mediano plazo, así como a agregarle valor a la producción agropecuaria, de modo de avanzar hacia un patrón productivo con mayor diversificación y sofisticación, que genere más puestos de trabajo de calidad.
-¿Qué metas se fija el BCP para el 2026 en términos de inflación, estabilidad financiera y fortalecimiento de expectativas para sostener este ritmo y mantener la confianza de los agentes económicos?
-En cuanto a la inflación, es conveniente resaltar que Paraguay se ha destacado como una de las primeras economías en lograr la convergencia de la inflación hacia el rango meta tras los sucesivos choques externos registrados entre el 2021 y el 2022. Desde el 2023, la inflación se ha mantenido relativamente estable en torno al objetivo, lo que refleja, por un lado, la efectividad del marco de política monetaria y, por otro, la credibilidad del Banco Central del Paraguay (BCP) y la confianza de los agentes económicos en sus decisiones.
En este contexto, el BCP ha reafirmado su compromiso con la estabilidad de precios, adoptando una meta de inflación más exigente, que se redujo de 4,0% a 3,5%, manteniendo el rango de tolerancia en ±2 puntos porcentuales.
El fortalecimiento del marco de política monetaria ha sido reconocido recientemente por Standard & Poor’s, que destacó, entre los factores determinantes para la obtención del grado de inversión, la consolidación de la política monetaria en la última década y la convergencia de las expectativas inflacionarias hacia la nueva meta.
En línea con la evolución reciente de los precios, marcada por una moderación de la inflación en los últimos meses, el BCP revisó su proyección para el 2025 desde 4,0% a 3,6%, y prevé una inflación de 3,5% para el 2026, consistente con el nuevo objetivo de política.
En materia de estabilidad financiera, el sistema financiero ha mostrado un desempeño favorable en el 2025, acompañando el dinamismo de la actividad económica. Los depósitos y créditos han crecido a tasas de dos dígitos, en un contexto de reducción de los índices de morosidad, mientras que los indicadores de solvencia se mantienen holgadamente por encima de los mínimos regulatorios. Esto evidencia una alta capacidad de resiliencia del sistema financiero frente a eventuales shocks.
De cara al 2026, el BCP continuará monitoreando de manera permanente los desarrollos internos y externos, evaluando sus potenciales implicancias tanto sobre la estabilidad de precios como sobre la estabilidad financiera. En función de ello, adoptará las medidas oportunas para preservar la estabilidad macroeconómica, que ha sido la piedra angular del desempeño macroeconómico del país en las últimas dos décadas y un elemento clave para sostener la confianza de los agentes económicos.
En este marco, además, continuaremos impulsando la inclusión financiera, perfeccionando el sistema de pagos, contribuyendo al desarrollo vía una regulación del mercado de capitales en línea con los estándares internacionales, de modo a capitalizar el grado de inversión en mayor oportunidades de desarrollo para el país.


