Standard & Poor's (S&P) elevó la calificación soberana a BBB-/A-3 con perspectiva estable, sumándose a la de Moody's ratificada este año. Este avance representa el reconocimiento internacional a décadas de políticas macroeconómicas prudentes, con raíces en la transición democrática iniciada en los años 90 y culminada con el liderazgo técnico y proactivo del presidente Santiago Peña.
En esta columna, analizaremos técnicamente este éxito, su utilidad práctica y las prometedoras perspectivas que abre para el país. El sistema de calificaciones crediticias evalúa la solvencia soberana mediante indicadores cuantitativos como deuda/PIB, déficit fiscal, reservas internacionales y crecimiento, junto a factores cualitativos como estabilidad institucional y resiliencia externa. BBB- en S&P y Baa3 en Moody's marcan el umbral mínimo del grado de inversión, diferenciándolo del especulativo (BB+ o inferior).
S&P destacó el "sólido crecimiento económico", el "compromiso con déficits bajos" y la "creciente credibilidad monetaria" del Banco Central del Paraguay (BCP). Moody's enfatizó la diversificación en curso y la baja vulnerabilidad externa.
Paraguay promedia un crecimiento real del PIB de 4,5% anual en la última década con un impresionante 6% en 2025, superando ampliamente el promedio regional. Las bases de esta solidez se remontan al gobierno del Ing. Wasmosy (1993-1998), primer presidente civil electo. Wasmosy consolidó la transición democrática afirmando el control civil sobre las Fuerzas Armadas, frustrando intentos golpistas como el de 1996, y promoviendo reformas estructurales clave. En el sector financiero, impulsó la modernización y saneamiento bancario, sentando las bases para un sistema más robusto y supervisado, esencial para la estabilidad posterior.
Estas reformas institucionales y la apertura económica inicial pavimentaron el camino hacia la prudencia fiscal y la atracción de inversiones que caracterizan al Paraguay moderno. Un pilar fundamental en la construcción de esta estabilidad macroeconómica fue el economista Dionisio Borda, quien como ministro de Hacienda en los años 2003-2005 y 2008-2012 implementó medidas decisivas para superar crisis fiscales graves, saneando las finanzas públicas, aumentando la recaudación tributaria y generando los últimos superávits fiscales registrados.
Sus gestiones marcaron el inicio de un ciclo prolongado de disciplina fiscal y credibilidad internacional, que ha sido el fundamento técnico para los avances posteriores. Por su parte, Horacio Cartes profundizó esta trayectoria con la Ley de Responsabilidad Fiscal (2013), que limita el déficit en 1,5% del PIB, reduciendo la deuda pública del 25% al 18% del PIB y fomentando superávits en años clave. La promoción de alianzas público-privadas (APP) impulsó infraestructura crítica, elevando la conectividad y atrayendo IED.
El actual presidente ha elevado esta herencia a un nivel superior con un enfoque técnico, proempresarial, ha impulsado reformas institucionales decisivas: digitalización de trámites aduaneros y burocráticos, mejorando la posición en el Doing Business del Banco Mundial; mantenimiento estricto del déficit fiscal por debajo del 1,5% y el reperfilamiento de bonos, mejorando el perfil de la deuda.
S&P y Moody's reconocen explícitamente decisiones de esta administración, como el plan de convergencia fiscal pospandemia, la credibilidad antiinflacionaria (inflación cerca del 3,5-4%) y el fomento a la inversión privada, que ha diversificado la economía y fortalecido la resiliencia.
Técnicamente, el grado de inversión reduce el costo de financiamiento. Las primas de riesgo sobre bonos soberanos caen de 300-400 a 150-200 puntos base sobre Treasuries estadounidenses, ahorrando decenas de millones anuales en intereses.
Esto libera recursos para inversión social y facilita acceso a capital internacional barato para el sector privado, atrayendo IED en sectores de alto valor como energías renovables (aprovechando la electricidad hidroeléctrica a 0,03 USD/kWh, la más competitiva de la región) y tecnología.
Las perspectivas son excepcionalmente positivas. Modelos del FMI indican que un upgrade soberano impulsa el PIB per cápita en 1-2% anual adicional vía flujos de capital con nuestra estabilidad macro y crecimiento sostenido de 4-6% hasta 2030 el grado de inversión valida la continuidad institucional que no solo consolida la estabilidad, sino que proyecta al país como polo de prosperidad en América Latina. Con disciplina sostenida, aspiramos a calificaciones superiores y un desarrollo inclusivo que beneficie, aunque llevará tiempo, a todos los paraguayos.


