Economia

Estiman que sistema financiero cambiará ritmo de su crecimiento

Luego de un año marcado por un fuerte dinamismo del crédito y un crecimiento económico que superó todas las previsiones, el sistema financiero paragu…

| Por La Tribuna
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Informe de Asociación de Bancos del Paraguay - Liz Cramer, presidente ejecutivo de Asoban; Edgard Alarcón, director ejecutivo Asoban; Jorge Garicoche, director Mentu.

Luego de un año marcado por un fuerte dinamismo del crédito y un crecimiento económico que superó todas las previsiones, el sistema financiero paraguayo se prepara para un 2026 de transición. La expansión continuará, pero con mayor foco en calidad, gestión del riesgo y sostenibilidad.

El 2025 quedará registrado como uno de los años más intensos para el sistema financiero paraguayo. El crecimiento del crédito, la profundización financiera y la aceleración de la digitalización acompañaron una expansión económica cercana al 6%, la más alta en más de una década. Sin embargo, ese mismo dinamismo marca ahora el punto de partida de una nueva etapa, en la que la velocidad deja lugar a una estrategia más selectiva y prudente.

Las proyecciones para el 2026 según los informes de Asociación de Bancos del Paraguay (Asoban) no anticipan un freno abrupto, sino que un cambio de ritmo. El crédito seguirá creciendo, aunque de forma más heterogénea entre sectores y con criterios más estrictos de evaluación. En un contexto internacional todavía exigente, con tasas de financiamiento elevadas y mayor volatilidad, la banca local ajusta su hoja de ruta hacia la preservación de la calidad de cartera.

Uno de los principales desafíos será la captación de depósitos, especialmente en moneda local. Durante 2025, los créditos crecieron a un ritmo superior al de las captaciones, lo que derivó en una reducción moderada de la liquidez del sistema. Si bien los indicadores se mantienen en niveles cómodos y lejos de zonas de riesgo, el escenario obliga a una competencia más intensa por fondeo, con impacto directo en las tasas y en la estrategia comercial de los bancos.

En este nuevo ciclo, la prioridad deja de ser únicamente el volumen. El énfasis se traslada hacia la gestión preventiva del riesgo, el seguimiento sectorial y la capacidad de anticipar tensiones antes de que se reflejen en los indicadores de morosidad. Aunque el sistema paraguayo cerró 2025 con una cartera vencida baja en términos históricos y regionales, algunos sectores, como la construcción, mostraron señales que requieren mayor atención en el corto plazo.

La transición hacia un crecimiento más equilibrado también está atravesada por el avance tecnológico. La digitalización, que en años anteriores fue vista como un diferencial competitivo, hoy se consolida como infraestructura básica del negocio bancario. El crecimiento exponencial de los pagos electrónicos, las transferencias instantáneas y el uso de billeteras digitales modificó la relación entre bancos, empresas y consumidores, reduciendo costos y ampliando el alcance del sistema financiero.

De cara al 2026, el desafío ya no es solo expandir estos canales, sino fortalecer su resiliencia operativa. La ciberseguridad, la gobernanza de datos y la continuidad operativa pasan a ocupar un lugar central en la agenda del sector. En paralelo, la incorporación de inteligencia artificial en procesos como evaluación crediticia, pricing y cobranza promete mejorar la eficiencia, pero también introduce nuevos riesgos que deberán ser gestionados con cautela.

El contexto macroeconómico acompaña esta lógica de mayor prudencia. La política monetaria apunta a sostener la estabilidad, mientras que el frente fiscal busca converger gradualmente hacia los límites establecidos por la Ley de Responsabilidad Fiscal. En este marco, la banca se posiciona como un actor clave para sostener la actividad, pero sin repetir los niveles de expansión observados en el último año.

El cambio de ciclo no implica una pérdida de protagonismo del sistema financiero, sino una maduración del modelo. Tras un período de fuerte crecimiento impulsado por la recuperación económica y la expansión del crédito, el desafío pasa ahora por consolidar esos avances y evitar desequilibrios que puedan comprometer la estabilidad a mediano plazo.

Así, el 2026 se perfila como un año en el que el sistema financiero paraguayo buscará crecer con mayor disciplina, priorizando la calidad sobre la cantidad. Un ajuste fino, más que un ajuste brusco, que refleja la lectura de un entorno global complejo y la necesidad de sostener la confianza en uno de los pilares del funcionamiento económico del país.

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