Economia

Cavialpa desea dar solución a los caminos rurales con asfalto liviano

La aplicación de coberturas asfálticas de bajo costo en caminos rurales abre una nueva discusión sobre cómo mejorar la conectividad del interior del …

| Por La Tribuna
Más del 80% de la red vial del país está compuesta por caminos no pavimentados.

La aplicación de coberturas asfálticas de bajo costo en caminos rurales abre una nueva discusión sobre cómo mejorar la conectividad del interior del país sin recurrir a obras tradicionales de alto presupuesto. Un ensayo técnico realizado en Itapúa deja datos concretos.

Más del 80% de la red vial paraguaya está compuesta por caminos no pavimentados. En ese escenario, un estudio técnico desarrollado en General Artigas plantea una alternativa intermedia entre el ripio y el asfalto convencional, con resultados alentadores en durabilidad y costos.

El debate sobre la infraestructura vial rural en Paraguay suele quedar relegado frente a las grandes obras urbanas o a las rutas nacionales de alto tránsito. Sin embargo, es en los caminos secundarios donde se juega buena parte de la competitividad del sector productivo. Allí, donde circulan granos, ganado, insumos y personas, la precariedad vial sigue siendo una traba estructural.

Según datos técnicos relevados por la Cámara Vial Paraguaya (Cavialpa), en el marco de un estudio experimental, cerca del 84% de los caminos del país son de tierra o ripio. Esto implica no solo dificultades de transitabilidad en épocas de lluvia, sino también mayores costos logísticos, pérdidas de tiempo y deterioro prematuro de vehículos y maquinarias. Frente a este escenario, la pregunta es recurrente, ¿es posible mejorar estos caminos sin llegar al alto costo del asfaltado tradicional?

Un ensayo realizado en el distrito de General Artigas, departamento de Itapúa, buscó dar una respuesta técnica a esa inquietud. El proyecto consistió en la aplicación de distintos tipos de coberturas asfálticas livianas sobre un tramo de camino rural, con el objetivo de evaluar su comportamiento estructural y su relación costo-beneficio en condiciones reales de uso.

La experiencia se desarrolló sobre un tramo de 240 metros, dividido en secciones con diferentes soluciones constructivas. Una de ellas utilizó ripio cementado, con una dosificación aproximada del 3% de cemento, mientras que otras incorporaron capas asfálticas superficiales, diseñadas para sellar la base y reducir la degradación provocada por el tránsito y las inclemencias climáticas.

En uno de los sectores más observados se aplicó un tratamiento superficial doble sobre una base previamente imprimada. Este segmento, de 80 metros, fue sometido a monitoreo durante más de dos años. El resultado llamó la atención de los técnicos: el estado del camino, tras 24 meses de uso, se mantenía prácticamente igual al registrado un año antes, sin deformaciones ni desprendimientos significativos.

Uno de los aspectos más relevantes del estudio es el económico. La inversión estimada para este tipo de cobertura ronda los USD 250.000 por kilómetro, una cifra considerablemente menor a la de un paquete estructural convencional, que puede cuadruplicar ese monto. Esta diferencia abre una ventana para pensar en soluciones escalables y replicables en zonas rurales con bajo o mediano volumen de tránsito.

Más allá de los números, el impacto potencial va mucho más allá del pavimento. Para las comunidades rurales, contar con caminos más estables implica mejorar el acceso a mercados, reducir interrupciones en la cadena productiva, garantizar la circulación de servicios básicos y disminuir los costos indirectos que hoy absorben productores y transportistas.

El estudio no plantea reemplazar las rutas asfaltadas tradicionales, sino sumar una alternativa técnica intermedia ajustada a la realidad del interior del país. En ese sentido, el enfoque apunta a construir infraestructura acorde al uso real del camino, evitando sobredimensionar obras que luego resultan inviables de mantener.

Si bien los resultados son preliminares y requieren una evaluación a mayor escala, la experiencia deja una señal clara: con planificación, ingeniería aplicada y criterio económico es posible avanzar hacia una red vial rural más eficiente. En un país donde el desarrollo productivo depende en gran medida de su conectividad, cada kilómetro mejorado puede marcar una diferencia concreta.

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