Economia

El motor del país nace en la fuerza productiva del campo

Paraguay confirma que su desarrollo está anclado en el trabajo diario de miles de productores que sostienen la agricultura, la ganadería y la industr…

| Por La Tribuna

Paraguay confirma que su desarrollo está anclado en el trabajo diario de miles de productores que sostienen la agricultura, la ganadería y la industria forestal, sectores que hoy impulsan empleo, formalización e inversión.

En los últimos años, el debate sobre cómo crece Paraguay dejó de girar en torno a discursos generales para concentrarse en una realidad visible: el progreso comienza en la finca y se amplifica en la agroindustria. Allí, en ese entramado silencioso de productores, técnicos, cooperativas, industrias y exportadores se sostiene buena parte de la dinámica económica del país.

El aporte de las familias rurales no es un concepto romántico ni una frase hecha. Es el núcleo de un sistema que permite que miles de personas accedan a ingresos más estables, incorporen tecnología, diversifiquen su producción y mejoren su calidad de vida. Ese avance, que hace dos décadas parecía lejano, hoy se traduce en una cadena de valor que conecta al pequeño productor con mercados locales e internacionales a través de los agronegocios.

El país demostró que no existe desarrollo sostenible sin una base productiva sólida. Lejos de limitarse a la agricultura de subsistencia, la agricultura familiar se integró a procesos industriales que agregan valor y generan oportunidades. En zonas donde el dinero antes alcanzaba solo para lo esencial, hoy se proyectan metas más ambiciosas: invertir en la chacra, enviar a los hijos a estudiar, formalizar emprendimientos y participar de cadenas comerciales más competitivas.

Este avance no ocurrió de manera espontánea. Fue resultado del trabajo organizado del sistema productivo paraguayo, que atravesó épocas de sequías, inundaciones, crisis de precios y dificultades logísticas sin detenerse. En un país donde la pobreza rural parecía un desafío imposible de revertir, la evidencia mostró que cuando un productor accede a capacitación, herramientas, tecnología y mercados previsibles, su esfuerzo se convierte en una de las fuerzas más efectivas de movilidad social.

La agroindustria y el sector forestal reforzaron esa transformación. Más allá del impacto en las exportaciones, estas actividades dinamizaron la economía rural con la creación de empleo formal, inversiones en infraestructura, incorporación de genética y mecanización, y el desarrollo de capital humano mediante programas de formación técnica y transferencia de conocimientos. Su aporte se refleja en números: hasta octubre, la exportación de productos primarios generó USD 3.226 millones, mientras que los envíos forestales sumaron USD 83,4 millones.

El empleo rural también evidencia el peso del sector. Las estadísticas del tercer trimestre de 2025 reportan 894.088 personas ocupadas en zonas rurales, muchas de ellas vinculadas directa o indirectamente a la agricultura, la ganadería o la forestería. En paralelo, el sector de agronegocios se consolidó como uno de los más atractivos para la inversión extranjera, ubicándose entre los tres principales receptores de capital en 2024, con proyectos centrados en soja, maíz, forestación y exportaciones.

Esta dinámica explica por qué diversos gremios productivos destacan que el crecimiento del Paraguay se sostiene cuando se protege el trabajo, se impulsa la producción y se apuesta por la formalización. La economía rural no solo abastece al país: genera divisas, empleos, innovación y mayor estabilidad en comunidades donde la migración interna solía ser la única salida.

El desafío hacia adelante, coinciden los productores, es consolidar políticas que fortalezcan el arraigo y la productividad. Un campo con acceso a tecnología, infraestructura, créditos adecuados y mercados previsibles no es simplemente un motor económico: es una herramienta de transformación social que permite que el desarrollo deje de ser un concepto estadístico y se convierta en una realidad palpable en cada comunidad.

Paraguay crece desde su interior y ese crecimiento se escribe cada día en las fincas donde comienza la economía que alimenta al país.

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