Economia

Productores indígenas muestran su fuerza en cadenas agrícolas

La comunidad indígena Tekoha Mirĩ, de Canindeyú, protagonizó una jornada clave en el Abasto Norte al comercializar su producción y generar ingresos p…

| Por La Tribuna-

La comunidad indígena Tekoha Mirĩ, de Canindeyú, protagonizó una jornada clave en el Abasto Norte al comercializar su producción y generar ingresos por G. 4 millones, en un ejercicio que refleja organización, esfuerzo y acceso al mercado formal.

El distrito de Yasy Kañy, en el departamento de Canindeyú, suele estar asociado a cultivos extensivos y a realidades sociales complejas. Sin embargo, un grupo de pequeños productores indígenas decidió cambiar la narrativa y demostrar que la agricultura familiar, incluso en territorios vulnerables, puede generar resultados tangibles cuando logra acceso a mercados y acompañamiento técnico.

La comunidad Tekoha Mirĩ llevó  su producción al Abasto Norte de Limpio, una plataforma comercial que desde hace años reúne a pequeños agricultores con compradores mayoristas, minoristas y restaurantes. Allí colocaron 480 kilos de poroto pytã, además de 300 kilos de batata colorada, alcanzando ingresos cercanos a los G. 4 millones.

Más allá del monto, el movimiento fue un ejercicio de gestión y logística que no siempre está al alcance de comunidades rurales, especialmente indígenas, que suelen quedar rezagadas frente a sistemas de comercialización que exigen volumen, calidad y continuidad de oferta. Esta vez, los productores pudieron cumplir los tres requisitos.

El lote de poroto pytã, valorado en G. 2.800.000, fue uno de los productos más demandados por comerciantes mayoristas que reconocen el buen rendimiento que ofrece en diversos rubros gastronómicos. La batata colorada, tradicional en los circuitos agroecológicos, sumó otros G. 1.200.000. Los productores continuaban, además, con la comercialización de maíz, choclo y zapallo kururu, productos que en los últimos meses encontraron un nicho más sólido en la venta directa, gracias a la estacionalidad y la calidad.

Pero detrás de los números hay una historia más amplia. Tekoha Mirĩ lleva años intentando posicionarse como un actor económico y no solo social. Sus integrantes han expresado en distintas ocasiones que el desafío no es producir, sino vender bien, en condiciones que no dependan de intermediarios que se quedan con la mayor parte del margen.

En este camino, el acompañamiento técnico y logístico fue clave. Profesionales del área agrícola visitaron fincas, revisaron prácticas de cultivo, orientaron procesos de cosecha y, lo más desafiante, ayudaron a diseñar rutas de comercialización en un mercado donde competir implica eficiencia.

Lo más visible de esta experiencia fue la organización interna. La comunidad se repartió funciones, asumió tareas de selección y empaque, y coordinó el traslado de los productos para llegar en tiempo y forma a la feria. Son decisiones que marcan una diferencia entre sobrevivir con producción de autoconsumo y construir un modelo de negocio sostenible.

Para muchos, el ingreso obtenido podría parecer modesto. Para Tekoha Mirĩ, fue una señal de que vale la pena apostar por el trabajo colectivo y que existe demanda para productos agrícolas cuando se cumplen estándares básicos de calidad.

Un dato que entusiasma a los productores es que, pese a la competencia, los compradores manifestaron interés en establecer relaciones comerciales continuas. La posibilidad de generar ventas recurrentes, no ferias aisladas, es vista por la comunidad como el paso siguiente.

Si bien el paisaje rural paraguayo está lleno de historias de emergencia económica y abandono, la experiencia de Canindeyú recuerda que el desarrollo no depende solo de grandes inversiones ni de modelos a gran escala. A veces, se trata de reconocer el potencial de grupos pequeños, cuyos productos siguen siendo la base de la mesa de miles de familias, y que necesitan un puente para conectar campo y ciudad.

Tekoha Mirĩ encontró ese puente en Limpio, y aunque el camino recién empieza, su mensaje es claro: la agricultura indígena no es asistencialismo, es economía real, con productores que quieren competir, crecer y vivir de su trabajo.

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