Un grupo de industriales brasileños visitó Asunción para conocer las condiciones tributarias y operativas del país. La mira está puesta en el régimen maquila, los incentivos de inversión y el potencial de Paraguay como plataforma exportadora.
La visita de una delegación de industriales brasileños a Asunción reavivó un debate que se repite cíclicamente en el Cono Sur: ¿puede Paraguay convertirse en un destino competitivo para la manufactura regional? La respuesta se configura según quienes llegaron esta semana, depende menos del clima político y más de un conjunto de variables que hacen atractiva la radicación industrial en el país. Entre ellas, costos laborales moderados, energía abundante y un esquema tributario que promete márgenes más amplios frente a economías vecinas.
El punto de partida de los inversores es pragmático. “Nuestro interés para invertir en Paraguay son los impuestos, principalmente porque son muy atractivos, además de la Ley Maquila que estamos estudiando para conocer los beneficios de producir aquí y exportar no solo a Brasil, sino también a otros mercados”, señaló Omar Santos, Ceo de “Orange Bed”, uno de los empresarios presentes durante el encuentro con autoridades locales.
El interés no es meramente especulativo, sino que forma parte de un proceso de análisis de relocalización productiva que se acelera ante mayores costos y reformas regulatorias en Brasil.
El régimen maquila paraguayo fue el eje de la conversación. El modelo permite importar insumos con exoneración temporal de tributos aduaneros y tributar solo sobre el valor agregado local o sobre la exportación cuando corresponda. Para las industrias que operan con márgenes estrechos o cadenas de abastecimiento global, ese diferencial fiscal representa una mejora inmediata en competitividad y volumen exportable.
Los empresarios brasileños también evaluaron la Ley 60/90, que ofrece beneficios al capital productivo y el marco general de incentivos para la inversión. Aunque Paraguay no compite en escala industrial con los gigantes de la región, sí disputa terreno con una propuesta simple: costos bajos, baja presión tributaria y reglas relativamente estables, tres elementos valorados por quienes operan en climas regulatorios más volátiles.
Sin embargo, el atractivo no se agota en los impuestos. La cercanía logística con Brasil y la posibilidad de exportar a terceros mercados son factores que amplían el horizonte de negocio, para varios de los visitantes. La instalación en Paraguay no se plantea solo como sustitución de una planta existente, sino como estrategia para ganar posiciones en segmentos donde el costo unitario define la sobrevivencia.
La agenda incluyó consultas sobre disponibilidad de parques industriales, tiempos de instalación y exigencias regulatorias. Si bien no hubo compromisos inmediatos, la lectura general fue positiva. Paraguay ofrece una estructura accesible para industrias que quieran moverse rápido y con menor carga burocrática. El desafío, según analistas, no está en atraer la inversión inicial, sino en asegurar infraestructura, logística e innovación suficiente para sostener procesos industriales más complejos.
La discusión, por momentos, trascendió los números. Algunos participantes remarcaron que el atractivo paraguayo puede diluirse si la política industrial no evoluciona hacia la diversificación. La maquila ha mostrado resultados en generación de empleo, pero todavía concentra su fuerza en rubros intensivos en mano de obra y bajo contenido tecnológico. La pregunta, entonces, es si el país quiere ser un destino de ensamblaje o un actor en cadenas de mayor sofisticación.
Al cierre, la delegación brasileña no anunció definiciones, pero dejó claro que el interés existe y que la evaluación seguirá. Para Paraguay, el mensaje es doble: el país tiene atributos concretos para competir, pero necesita sostenerlos con políticas de largo plazo y una narrativa industrial que vaya más allá del incentivo tributario. La carrera por atraer capital no se gana solo con estadísticas, sino con visión estratégica.


