El régimen de maquila vive uno de sus ciclos más dinámicos de los últimos años. Con inversiones frescas, más industrias instalándose y exportaciones que ya superan los USD 1.050 millones, el sector se encamina a cerrar 2025 con cifras históricas.
El régimen de maquila atraviesa un momento clave dentro del mapa económico paraguayo. Entre enero y octubre de este año, las exportaciones alcanzaron USD 1.052 millones, un incremento de USD 134 millones frente al mismo período del 2024. Este salto confirma un ritmo de expansión que podría desembocar en un nuevo récord anual, rozando –e incluso superando– la marca del año pasado.
Detrás de ese desempeño hay dos impulsos convergentes: la llegada de nuevas inversiones y la ampliación de plantas industriales ya instaladas. Según datos oficiales, empresas provenientes de Brasil, Argentina, Bolivia, Uruguay y también de Europa –con un protagonismo especial de España– avanzan en planes de radicación o expansión, atraídas por el clima de estabilidad macroeconómica y las condiciones de competitividad del país.
El eje territorial del sector sigue firme. Alto Paraná concentra el 47% de las industrias maquiladoras, mientras que Central reúne el 29%, lo que significa que tres de cada cuatro plantas ocupan estos dos departamentos. La cercanía fronteriza, los costos logísticos y la infraestructura disponible cumplen un rol determinante para esa distribución.
En materia productiva, los rubros tradicionales continúan empujando al conjunto. Autopartes, confecciones, manufacturas de aluminio y alimentos explican el 76% de las exportaciones. Dentro del segmento alimenticio destacan aceites, derivados de soja, coco rallado y otras manufacturas con demanda creciente en la región. Ese portafolio encuentra su principal destino en Brasil, que absorbe el 64% de los envíos; le sigue Argentina con el 15%, mientras que el resto se divide entre Estados Unidos, Países Bajos, Chile, Uruguay, Bolivia y otros mercados secundarios.
Pero la maquila no solo suma divisas, sino que también es un motor firme del empleo formal. A octubre, el régimen registró 35.447 trabajadores, reflejando un aumento interanual del 23%. Solo en ese mes se incorporaron 383 empleos, un ritmo poco común dentro de la industria local. Un dato relevante es la participación femenina: las mujeres ocupan el 45% de los puestos, una proporción significativamente superior al promedio manufacturero paraguayo.
En paralelo, las importaciones vinculadas al régimen sumaron USD 563 millones en los primeros diez meses del año, con un incremento del 18%. Sin embargo, el salto exportador es mucho más profundo, por lo que la balanza comercial del régimen presenta un superávit del 87%, lo que evidencia un alto componente de valor agregado local y un manejo eficiente del proceso productivo.
Las perspectivas para el 2025 no se limitan a consolidar lo logrado. Las autoridades y las empresas coinciden en que el gran paso siguiente es ampliar la maquila de servicios, un segmento con alto potencial que permitiría diversificar aún más la matriz exportadora. Las tareas tercerizadas, los servicios digitales y el soporte tecnológico aparecen como áreas donde Paraguay puede posicionarse con rapidez, aprovechando talento joven y costos competitivos.
Este giro, si prospera, convertiría al régimen en un terreno fértil no solo para la manufactura, sino también para actividades intensivas en conocimiento. El cambio de lógica productiva daría espacio a nuevos perfiles laborales, atraería empresas tecnológicas y ampliaría el alcance de un modelo que ya demostró capacidad para generar empleo sostenido y flujo de divisas.
A falta del cierre del año, el panorama es ampliamente favorable. Con inversiones activas, industrias en expansión, una base laboral más sólida y un comercio exterior robusto, la maquila reafirma su rol como uno de los pilares de la industrialización paraguaya. Y si las tendencias se mantienen, 2025 podría inscribirse como el año de los nuevos récords para el sector.


