El distrito de Capitán Miranda (Itapúa) mantiene una cadena productiva que abastece el 95% de la zanahoria consumida en Paraguay. Más de 200 productores trabajan diez meses del año para sostener un rubro clave.
La zona de Capitán Miranda no solo es conocida por tradición: también sostiene, con datos concretos, la estructura que alimenta casi todo el mercado nacional de zanahoria. La región, donde operan más de 200 productores y alrededor de 2.000 trabajadores directos e indirectos, mantiene una producción que cubre el 95% de la demanda del país durante diez meses del año.
En comunicación con La Tribuna, Luis Roa, presidente de la Cámara Coordinadora de Productores Frutihortícolas, recordó que la historia del rubro se remonta varias décadas atrás. La zona comenzó a afirmarse en las décadas del 70 y 80, aunque el cultivo tiene raíces más antiguas, vinculadas a los primeros pobladores del área. “Fuimos avanzando por calidad y por adaptación. La zanahoria siempre fue un rubro fuerte en este suelo”, señaló.
El ciclo productivo arranca temprano. Las siembras con riego se realizan entre el 10 de enero y el 10 de febrero, alcanzando cerca de 250 hectáreas, mientras que la siembra convencional va de marzo a junio. A esto se suma la plantación tardía, que se extiende de julio a septiembre. Con ese esquema, la oferta nacional queda cubierta desde mediados de abril hasta febrero.
Los restantes dos meses dependen de la importación. Roa explica que el clima es un factor decisivo. “El calor extremo impide sembrar en octubre. Aunque tengamos riego, las temperaturas no permiten que el tubérculo llegue a buen desarrollo”, sostuvo. Para lograr la cobertura plena del calendario, sería necesaria mayor inversión en tecnología, investigación y variedades adaptadas al calor, un trabajo que, según afirma, todavía no encuentra acompañamiento institucional.
Este año el rendimiento fue excepcional. “Tuvimos una superproducción. En algunos meses vendimos por debajo del costo de producción”, relató. El precio recién pudo estabilizarse y hoy se ubica entre 3.000 y 3.500 guaraníes por kilo. Las bolsas de 20 kilos se comercializan entre 60.000 y 70.000 guaraníes, un valor que apenas compensa los costos acumulados.
En cuanto a volúmenes, la tempranera produce entre 25 y 30 toneladas por hectárea, la convencional entre 18 y 20, y la tardía, que incorpora variedades de alto rendimiento como Berlín, Shin Uroda y Xeminis puede alcanzar 35 toneladas. El promedio anual supera los 20.000 kilos por hectárea, y considerando alrededor de 1.000 hectáreas en producción, el peso económico para la región resulta evidente.
La competitividad también depende de las semillas. La variedad Brasilia es la estrella de las siembras tempranas; en tanto, las japonesas Uroda y Shin Uroda se adaptan mejor al periodo intermedio. Los híbridos Xeminis y Berlín, de mayor costo, permiten altos volúmenes en la etapa final del ciclo. Para Roa, la incorporación de genética moderna explica gran parte del salto productivo de los últimos años.
En materia de exportaciones, la región tuvo un logro importante en 2024 con el envío de zanahoria al mercado argentino. Sin embargo, este año los precios no acompañaron. “Producir es caro y los valores que ofrecen afuera no ajustan. Por eso no salimos”, comentó. Aun así, el potencial está. “Si tuviéramos mercado garantizado, podríamos aumentar hasta un 50% la producción sin inconvenientes”, aseguró.
El mercado interno es el principal destino. Los envíos se concentran en el Mercado de Abasto y desde allí se distribuyen a supermercados y comercios de todo el país.
La disciplina interna evita crisis. Los productores organizan volúmenes para no saturar la oferta nacional. Aun así, este año hubo pérdidas: parte de las parcelas fueron rastreadas y se sembró soja ante la imposibilidad de comercializar la zanahoria excedente. Roa sostiene que, con acompañamiento técnico, industrialización y apertura externa, la cadena hortícola podría dar un salto mayor.


