La histórica dinámica comercial entre Clorinda y Nanawa atraviesa una transformación. Las demoras en el paso fronterizo y la falta de infraestructura restan impulso a la ciudad argentina, mientras del lado paraguayo crece el movimiento.
Durante años, el ir y venir de compradores era parte del paisaje cotidiano entre Clorinda y Nanawa. Los fines de semana, el puente internacional se convertía en un hervidero de autos, motocicletas y peatones cargados de bolsas, combustible o alimentos. Hoy, esa postal ha cambiado: la actividad se desacelera del lado argentino, mientras el dinamismo parece trasladarse a la orilla paraguaya del Pilcomayo.
Mario Bernal, presidente de la Cámara de Comercio de Clorinda, reconoce que la situación se ha vuelto crítica. “Antes las calles estaban llenas de hermanos paraguayos; ahora se ven mucho más vacías”, señala. La caída del flujo comercial es visible, y según el dirigente, el principal obstáculo radica en las largas esperas para cruzar el puente. “Estamos en tiempos en que la tecnología debería agilizar los trámites, pero Clorinda quedó rezagada. Es inadmisible esperar tres o cuatro horas para ingresar”, lamenta.
El problema de la congestión no es nuevo, pero se ha vuelto más agudo en los últimos meses. Las filas interminables desincentivan a los compradores paraguayos que antes cruzaban con frecuencia, y muchos prefieren quedarse del lado de Nanawa, donde los precios y la logística resultan más atractivos. “El movimiento de paraguayos bajó muchísimo. Muchos de los que antes venían a comprar ahora se quedan en su propio territorio, donde el cruce es más rápido y sencillo”, explica Bernal.
El impacto de esta tendencia se siente en toda la estructura comercial de Clorinda. Tiendas, restaurantes, estaciones de servicio y transportistas experimentan una merma significativa en sus ingresos. “Clorinda era una ciudad viva. Hoy cuesta verla así”, comenta con preocupación el referente del gremio. Los comerciantes locales reclaman medidas urgentes para revertir la situación y evitar que el declive se profundice.
En ese contexto, la Cámara de Comercio elaboró un plan técnico integral para rediseñar la circulación vehicular y peatonal en la frontera. El proyecto fue desarrollado con el apoyo de ingenieros y arquitectos, y propone una implementación por etapas para no interrumpir el tránsito. “El plano ya está hecho, con diagramas de circulación y medidas de seguridad. Solo falta la inversión y la voluntad política”, detalla Bernal, al tiempo de insistir en la necesidad de cooperación entre ambos países.
Como parte de ese esfuerzo, se prevé una reunión con el embajador argentino en Paraguay y con el presidente de la Cámara de Comercio Paraguayo-Argentina, Roberto Finkelberg, a fin de conformar una mesa binacional de trabajo. La meta es coordinar acciones entre la embajada, el empresariado y los gobiernos locales para modernizar el paso fronterizo y recuperar el dinamismo de antaño.
Pero más allá de los números, el dirigente apela también al vínculo humano que históricamente unió a ambas comunidades. “Somos vecinos, una casa frente a la otra. Lo que afecta a Clorinda impacta en Nanawa, y lo que mejora de un lado beneficia al otro. Tenemos que buscar conveniencias para ambos pueblos”, reflexiona.
El desafío es lograr un equilibrio entre la tradición comercial y la modernización que exige la época. Clorinda busca recuperar su pulso, pero sabe que el futuro dependerá de una visión compartida y de la capacidad de ambos países para transformar una frontera congestionada en un corredor de oportunidades.


