Economia

La sandía cordillerana apunta a crecer con valor agregado

Con la llegada de las altas temperaturas primaverales, productores de Cordillera apuestan por un modelo más rentable y sostenible: procesar parte de …

| Por La Tribuna

Con la llegada de las altas temperaturas primaverales, productores de Cordillera apuestan por un modelo más rentable y sostenible: procesar parte de su cosecha para ofrecer productos derivados y fortalecer la economía rural del departamento.

En las chacras de Altos, Atyrá y Acuña Figueroa ya se respira movimiento. Aunque el verano aún no comenzó, los primeros lotes de sandías anuncian una cosecha abundante y de excelente calidad. Pero la novedad de esta campaña no está solo en los volúmenes: está en la creatividad de los agricultores, que buscan convertir la fruta en nuevas oportunidades de negocio.

Con el acompañamiento técnico del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), varias familias comenzaron a producir pulpas congeladas, dulces y jugos naturales elaborados a base de sandía, un paso que les permite aprovechar mejor su producción y agregar valor a un cultivo tradicionalmente estacional.

“La sandía de Cordillera es reconocida por su sabor y dulzura, y ahora queremos que también se la conozca por sus derivados”, comenta una de las productoras que participa en las capacitaciones. Los técnicos del MAG acompañan la iniciativa con formación en manipulación de alimentos, conservación, etiquetado y comercialización, preparando el terreno para que los emprendimientos puedan ingresar a ferias y mercados formales.

En total, se estima que más de 300 hectáreas del departamento están dedicadas a la sandía esta temporada, con frutas que pesan entre 7 y 19 kg. “Antes, si no vendíamos rápido, se perdía parte de la producción; ahora podemos transformarla y generar un ingreso adicional”, explica otro productor de la zona de Altos.

El enfoque de valor agregado busca equilibrar las variaciones del mercado, que suelen afectar los precios durante los picos de cosecha. Transformar la fruta en dulces, jugos o pulpas permite extender la vida útil, reducir el desperdicio y generar trabajo local, especialmente entre mujeres rurales, que son protagonistas en esta nueva etapa de la cadena productiva.

En pequeñas cocinas y talleres artesanales, las familias prueban combinaciones, desarrollan etiquetas y diseñan envases que resaltan el origen: “Hecho en Cordillera”. Con esto, apuntan a posicionarse no solo como productores primarios, sino como emprendedores agroindustriales.

El trabajo asociativo también empieza a ganar fuerza. En varias comunidades, los productores se organizan para compartir insumos, maquinaria y capacitación, reduciendo costos y mejorando su capacidad de negociación. Esta cooperación permite planificar de manera conjunta la siembra y la comercialización, evitando pérdidas y garantizando una oferta constante de productos durante la temporada.

Otro aspecto relevante es la sostenibilidad ambiental. Los técnicos del MAG promueven el uso responsable del agua, la rotación de cultivos y el aprovechamiento de los residuos orgánicos de la sandía como abono natural, medidas que contribuyen a un manejo más eficiente de los recursos y a una agricultura con menor impacto ambiental.

El paso hacia la transformación requiere inversión y organización. Los productores trabajan en la formalización de sus emprendimientos, la obtención de registros sanitarios y el acceso a financiamiento para ampliar la capacidad de procesamiento. Los técnicos aseguran que el potencial de la zona es alto y que la experiencia puede servir de modelo para otros departamentos frutihortícolas.

Mientras el calor se aproxima, en Cordillera la temporada de sandía se vive con un nuevo impulso. El fruto que por años representó el inicio del verano ahora se proyecta como motor de desarrollo local, demostrando que en el campo paraguayo el sabor también puede transformarse en valor.

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