El valor del cuidado equivale a USD 9.000 millones anuales

El trabajo de cuidado no remunerado en Paraguay representa el 22,4% del PIB, equivalente a unos USD 9.000 millones anuales. Ocho de cada diez horas d…

| Por La Tribuna-

El trabajo de cuidado no remunerado en Paraguay representa el 22,4% del PIB, equivalente a unos USD 9.000 millones anuales. Ocho de cada diez horas de cuidado son realizadas por mujeres, sin salario ni protección social.

El trabajo de cuidado un motor económico silencioso

Mientras los indicadores macroeconómicos suelen enfocarse en la industria, la construcción o el comercio exterior, en los pasillos del hogar, la escuela y la comunidad se teje otro motor económico, silencioso y vital: el trabajo de cuidado. La economista Verónica Serafini, del Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya (Cadep), recuerda que esta labor “es una actividad esencial para el desarrollo humano y económico, pero sigue recayendo de manera desproporcionada en las mujeres”. Según su estudio para el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) y la Secretaría Técnica de Planificación, el trabajo de cuidado no remunerado representa el 10,2% del PIB paraguayo; si se suma además el trabajo doméstico, ese peso sube al 22,4%, el equivalente a unos USD 9.000 millones. Del total de ese aporte, el 80% lo realizan mujeres lo que representa aproximadamente USD 7.200 millones anuales.

Superior al de muchos sectores tradicionales

El valor es contundente: “Si tuviésemos que pagar todo ese trabajo invisible, sería un monto superior al de muchos sectores tradicionales de la economía”, afirma Serafini. Sin embargo, ese esfuerzo no se traduce en empoderamiento económico ni en acceso justo a la protección social. Las mujeres que cuidan suelen “estar atadas” a empleos informales, sin jubilación, sin cobertura de salud y sin reconocimiento formal.

Reconocer y regular el sector del cuidado

Para el economista Hugo Royg, director de la residencia para adultos mayores Taita, el reto es doble: “Reconocer al cuidado como política social y convertirlo en un sector regulado, con estándares de calidad y oportunidades laborales”. Royg señala que en Paraguay el cuidado recae casi exclusivamente en las familias, y en la mayoría de los casos en las mujeres. “Cuando el Estado no asume su parte –explica– las familias asumen todo el costo, y las más vulnerables son las que más sufren”.

En el país operan unas 50 residencias para adultos mayores, muchas de ellas sostenidas por voluntariado o donaciones, revela Royg. “Faltan políticas públicas, marcos regulatorios y fiscalización”. Como ejemplo internacional menciona el programa chileno Chile Cuida, que provee cuidadores profesionales a domicilio como apoyo para las familias. “Es una cuestión de dignidad, no de ideología”, afirma Royg. En tanto, remarca que la atención centrada en la persona puede convertir el cuidado en una actividad rentable y socialmente valiosa: “Una persona bien cuidada vive dignamente sus últimos años”.

La brecha en la primera infancia

Pero el ámbito del cuidado no se limita a la tercera edad. También involucra la primera infancia, y aquí la brecha es igual de profunda. En Paraguay, la ley laboral exige que las empresas con más de 50 trabajadores cuenten con guardería. En la práctica, pocas cumplen esa disposición. Serafini denuncia: “Es un claro ejemplo de cómo las normas existen, pero no se controlan”. Otra cifra que impacta: alrededor de 200.000 mujeres jóvenes en el país ni estudian ni trabajan porque están dedicadas al cuidado de alguien. “Si existieran sistemas de cuidado —argumenta la economista— ellas podrían incorporarse a la economía formal”. Para lograrlo propone integrar el cuidado al sistema educativo mediante guarderías públicas, jornadas extendidas y menús escolares, lo cual además facilitaría que más mujeres se inserten en el mercado laboral.

Invertir en cuidado es una apuesta económica

Invertir en sistemas de cuidado, recalcan los expertos, no es un gasto sino una apuesta con retorno económico. Serafini explica que los niños que reciben atención y estimulación adecuada en sus primeros 1.000 días de vida desarrollan más habilidades, son más productivos y aportan más al fisco en la vida adulta. “Cuando el Estado piensa en inversión, piensa en puentes o rutas. Pero invertir en cuidado tiene incluso mayor rendimiento económico”. En otras palabras, reconocer el valor del cuidado es reconocer que cuidar también es producir.

Ambos especialistas coinciden en que Paraguay necesita con urgencia una política nacional de cuidados que articule los sectores público y privado, promueva la formalización laboral y garantice derechos tanto para quienes cuidan como para quienes son cuidados. Solo así podrá transformarse “el rostro silencioso y femenino” de la economía en una fuerza visible, reconocida y valorada dentro del crecimiento nacional.

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