Paraguay mantiene un sistema financiero sólido, con reservas que superan el 20% del PIB. La estabilidad macroeconómica y el control de la inflación refuerzan la confianza de inversores y organismos internacionales.
El Banco Central del Paraguay (BCP) volvió a exponer esta semana su carta de presentación ante los mercados internacionales. En un encuentro con analistas de la calificadora S&P Global Ratings, las autoridades de la institución destacaron los pilares que sostienen la estabilidad macroeconómica del país, desde la prudencia fiscal hasta la credibilidad de su política monetaria. La reunión, más allá de ser protocolar, refleja un esfuerzo del Gobierno por mantener la confianza de los inversores y reforzar la imagen de Paraguay como una economía sólida en el Cono Sur.
El presidente del BCP, Carlos Carvallo Spalding, acompañado por su equipo técnico, presentó los avances logrados en los últimos años, en un contexto global todavía marcado por la volatilidad y las tensiones geopolíticas.
Según el informe, Paraguay ha demostrado una capacidad de resiliencia notable frente a los shocks externos, con una inflación controlada, reservas internacionales en niveles históricamente altos y una moneda que se mantiene entre las más estables de la región.
Uno de los temas centrales de la conversación fue el anclaje de expectativas inflacionarias. Carvallo recordó que, en diciembre del 2024, el Directorio del BCP decidió reducir la meta de inflación del 4% al 3,5%, una decisión que busca reforzar la estabilidad de precios y consolidar la credibilidad de la institución. Este ajuste, según explicó, envía una señal clara al mercado: Paraguay apuesta por la disciplina y la previsibilidad como ejes de su política económica.
La calificadora internacional, por su parte, observa con atención los movimientos del país. Paraguay se mantiene a las puertas del grado de inversión en S&P y Fitch Ratings, mientras que ya lo obtuvo con Moody’s (Baa3). Esto implica que, aunque el desempeño macroeconómico es favorable, aún existen aspectos estructurales —como la eficiencia institucional, la presión tributaria y la diversificación productiva— que deben fortalecerse para alcanzar una mejora en la calificación soberana.
Otro punto destacado por el BCP fue la solidez del sistema financiero nacional, que exhibe niveles de capitalización y liquidez superiores al promedio regional. Las reservas internacionales netas superan el 20% del PIB, un colchón que otorga estabilidad ante eventuales shocks externos.
En un escenario de desaceleración global, ese respaldo actúa como un factor de confianza tanto para inversionistas como para organismos multilaterales.
Paraguay también busca proyectar una imagen de consistencia macroeconómica que se traduzca en más inversiones y oportunidades de desarrollo. En ese sentido, el diálogo con S&P sirvió no solo para mostrar datos, sino para sostener una narrativa de país que combina estabilidad, crecimiento y apertura.
La autoridad monetaria subrayó que el crecimiento proyectado para el 2025 ronda el 4,5%, impulsado por la recuperación del agro, el dinamismo del sector industrial y una expansión gradual del consumo interno.
Sin embargo, el país enfrenta desafíos estructurales que podrían condicionar su proyección a largo plazo. Entre ellos, la baja presión tributaria, la limitada inversión en infraestructura y la necesidad de mejorar la calidad del gasto público. También se suma el reto de generar empleo formal en un mercado donde más del 60% de la fuerza laboral se mantiene en la informalidad.
La reunión con S&P se enmarca en la estrategia del BCP de sostener un diálogo permanente con los actores del sistema financiero internacional. La credibilidad de la política monetaria paraguaya, consolidada tras más de dos décadas de prudencia, se ha convertido en uno de los principales activos del país. Pero mantenerla exigirá continuidad, transparencia y una coordinación efectiva con la política fiscal.
En un contexto regional donde las monedas se debilitan y las expectativas inflacionarias presionan, Paraguay busca mostrarse como una excepción: una economía pequeña, pero ordenada, que apuesta a la estabilidad como motor de desarrollo.
La visita de S&P no solo evalúa cifras, sino también señales. Y en ese terreno, el desafío para el país es sostener una narrativa coherente: que la estabilidad no sea un fin en sí mismo, sino la base para un crecimiento inclusivo y sostenible.


