Economia

Insumos extranjeros dominan el mercado de la construcción

El sector de la construcción en el país enfrenta limitaciones por la dependencia de insumos importados. Entre 35% y 40% de los materiales provienen d…

| Por La Tribuna

El sector de la construcción en el país enfrenta limitaciones por la dependencia de insumos importados. Entre 35% y 40% de los materiales provienen del exterior, lo que complica la previsión de costos y el avance ordenado de las obras.

El auge de la construcción es una de las señales más visibles del dinamismo económico de los últimos años. Torres en altura, barrios cerrados, rutas, puentes y parques industriales avanzan a ritmo sostenido. Sin embargo, detrás de ese paisaje de grúas y hormigón hay una realidad que preocupa a los actores del sector: una parte considerable de los materiales que se utilizan para levantar esas estructuras proviene del exterior.

Alta dependencia de materiales importados

Según estimaciones de la Cámara Paraguaya de la Industria de la Construcción (Capaco), entre el 35% y el 40% de los insumos empleados en las obras nacionales son importados. El dato refleja una dependencia que, en contextos de volatilidad cambiaria, puede convertirse en un obstáculo serio para la previsibilidad del sector. Hierros, aceros especiales, maquinarias, equipos eléctricos, cerámicas y materiales de terminación figuran entre los rubros más sensibles al tipo de cambio.

La reciente depreciación del dólar frente al guaraní trajo alivio a algunos importadores, pero no para todos. Muchos contratos —sobre todo en el ámbito público— fueron firmados con previsiones diferentes. “La baja del dólar puede abaratar ciertos productos, pero también genera desfases en presupuestos y licitaciones ya comprometidas”, señalan desde el gremio. En otras palabras, lo que para un sector implica respiro, para otro puede traducirse en pérdida de margen o complicaciones financieras. A diferencia de los materiales nacionales, cuyos precios se rigen por factores internos como el costo energético, la logística o la mano de obra, los productos importados se mueven al compás de las cotizaciones internacionales.

El desafío de impulsar la producción local

En un país que busca sostener el crecimiento del sector inmobiliario y de la obra pública, esta dependencia no pasa inadvertida. Desde la Capaco insisten en que la clave está en “impulsar la producción local con calidad y escala”. Es decir, apostar a una industria nacional capaz de competir en precio y desempeño con los insumos que hoy llegan del extranjero. Para lograrlo, remarcan, se necesita algo más que voluntad: políticas de incentivo, financiamiento accesible y una visión de largo plazo que involucre tanto al sector privado como al Estado.

El dilema va más allá del simple abastecimiento. Si la nación quiere consolidar su posición como polo de inversión y desarrollo en la región, necesita fortalecer los eslabones de su cadena productiva. Hoy, aunque el país produce cemento, cal, ladrillos, prefabricados y estructuras metálicas, muchos componentes tecnológicos aún deben importarse. Esa brecha limita la competitividad y deja al sector vulnerable ante las oscilaciones del mercado global.

Previsibilidad y estabilidad del dólar

El pedido que resuena entre los empresarios es claro: previsibilidad. “No se trata de tener un dólar alto o bajo, sino un dólar estable”, repiten los constructores. Esa estabilidad es la que permite proyectar costos, garantizar la continuidad de obras y mantener la rentabilidad de proyectos a largo plazo. Sin ella, cada variación del tipo de cambio se convierte en un desafío contable que retrasa inversiones y obliga a renegociar contratos.

Más allá de las cifras, el debate revela una cuestión estructural: la necesidad de que el país transite hacia un modelo industrial que acompañe su crecimiento urbanístico. Sustituir importaciones no significa cerrarse al mundo, sino desarrollar una base productiva más sólida, con tecnología propia y certificaciones que aseguren calidad. La construcción es, en buena medida, el termómetro de la economía. Cuando se edifica, se genera empleo, circula capital y se mueve toda una red de servicios asociados. Pero para que ese impulso sea sostenible, el país deberá mirar más allá de la obra terminada y enfocarse en los cimientos del sector: sus insumos, su industria y su capacidad de innovar. Porque construir un edificio es cuestión de meses; construir una industria nacional sólida, capaz de abastecer con eficiencia al propio mercado, es una tarea de décadas. Y ese, tal vez, sea el mayor desafío que tiene el país si quiere que su crecimiento repose sobre bases realmente firmes.

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