Economia

La expansión exportadora marca el pulso del desarrollo industrial

Entre julio y septiembre, empresas paraguayas lograron colocar sus productos en destinos antes inéditos, destacando la diversificación y la capacidad de adaptación ante exigencias globales.

| Por La Tribuna
Logistics and transportation of Container Cargo ship and Cargo plane with working crane bridge in shipyard at sunrise, logistic import export and transport industry background.

De acuerdo con datos de la Red de Inversiones y Exportaciones (Rediex), dependiente del Ministerio de Industria y Comercio, 19 productos paraguayos ingresaron por primera vez a destinos en América, Europa, Asia y África. El fenómeno no es casual. Responde a una mayor articulación entre el sector público y el privado, a la profesionalización de las empresas exportadoras y a un contexto global que premia la calidad, la trazabilidad y la sostenibilidad.

Durante julio, los embarques incluyeron aceite de soja a Bolivia por unos USD 72.000, barras de chocolate a Uruguay por USD 94.727 y escorias de plomo a Tailandia por más de USD 156.000. También se concretaron envíos de sésamo hacia las Islas Vírgenes Británicas, maní a Ucrania y recortes de piel bovina a Italia.

En agosto, la tendencia continuó con la exportación de leche en polvo a Uganda por USD 203.000, carne bovina sazonada a Estados Unidos por casi USD 386.000 y columnas de madera de caranday a Vietnam por USD 66.000. El mes cerró con ventas de componentes de motores a Chile y chatarra de aluminio a Canadá, reflejando la creciente presencia de manufacturas y productos con valor agregado.

Finalmente, septiembre consolidó el impulso con exportaciones de carne bovina congelada a El Salvador por USD 145.000, fideos a Argentina por USD 165.000, fertilizantes fosfatados a Brasil por USD 234.000, madera laminada a Bolivia y grasa vacuna al mercado argentino.

Más allá de los números, el salto cualitativo es evidente. La canasta exportadora nacional empieza a incluir bienes que van desde alimentos procesados y derivados lácteos hasta insumos industriales. En términos macroeconómicos, esto significa menor dependencia de los commodities tradicionales y una mayor capacidad de adaptación ante shocks externos, como caídas de precios o restricciones sanitarias.

El MIC considera que este avance es resultado de políticas sostenidas de promoción comercial, misiones empresariales, ferias internacionales y acompañamiento técnico a los productores. Pero el mérito también recae en las empresas locales, que se animaron a competir en escenarios más exigentes y a cumplir con estándares internacionales en inocuidad, empaque y certificación.

La estrategia, además, abre un nuevo horizonte para las pequeñas y medianas empresas (pymes), que ven en la exportación una oportunidad concreta de crecimiento. Sectores antes concentrados en el mercado interno, como el alimenticio o el de materiales industriales, comienzan a explorar mercados externos impulsados por la estabilidad macroeconómica, los incentivos del régimen de maquila y la infraestructura logística en expansión.

Sin embargo, el desafío que se asoma no es abrir puertas, sino mantenerlas abiertas. La sostenibilidad de estos nuevos destinos dependerá de la capacidad de las industrias para garantizar volúmenes constantes, mantener la calidad y optimizar los costos logísticos. En un mundo donde los acuerdos comerciales se redefinen a gran velocidad, sostener la competitividad será una tarea permanente.

El logro, aunque reciente, también tiene un fuerte componente simbólico. Países como Uganda, Vietnam o las Islas Vírgenes Británicas no figuraban hasta hace poco en el mapa exportador paraguayo. Hoy forman parte de un circuito que amplía el alcance de la producción nacional y demuestra que la industria paraguaya puede insertarse en nichos de alto potencial.

En definitiva, la apertura de 21 nuevos mercados no solo refleja un dato estadístico, sino una tendencia: Paraguay está dejando de ser un exportador de materias primas para convertirse, lentamente, en un proveedor de productos más sofisticados. Si el proceso se consolida, el impacto podría sentirse no solo en las cifras del comercio exterior, sino también en el empleo, la innovación y la capacidad de generar valor dentro del país.

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