Paraguay registró un flujo positivo de inversión extranjera en el 2024 pese a la caída regional. Según el Banco Central, las entradas netas alcanzaron USD 931 millones, reflejando confianza en la economía local.
En un año marcado por la desaceleración global y la cautela inversora en América del Sur, Paraguay volvió a destacarse como uno de los pocos países que logró sostener un flujo positivo de capital extranjero. De acuerdo con los últimos datos del Banco Central del Paraguay (BCP), la inversión directa extranjera (IDE) registró un aumento del 15% en el 2024, con un flujo neto de USD 931 millones, una cifra que refleja la confianza del capital foráneo en la economía local.
El monto surge de entradas por USD 3.291 millones y salidas por USD 2.360 millones, resultando un balance favorable que ratifica la tendencia de crecimiento sostenido observada en los últimos años. Con estos números, el stock acumulado de inversión directa asciende a USD 10.395 millones, lo que representa un incremento del 3,8% respecto al ejercicio anterior.
Lejos de concentrarse en un solo rubro, la inversión extranjera se distribuye en varios sectores que hoy sostienen el dinamismo de la economía paraguaya. El comercio lidera con el 19% del total, seguido por la intermediación financiera (16%), la elaboración de aceites (7%) y el transporte (7%). En conjunto, estos segmentos aportan más de la mitad del capital extranjero presente en el país.
Durante el 2024, los mayores incrementos se observaron en actividades vinculadas al comercio, los servicios empresariales, las telecomunicaciones, la producción de carne y la banca. Sin embargo, también hubo sectores con salidas netas, como la producción de alimentos, los servicios inmobiliarios, los productos metálicos y la minería. Este comportamiento mixto revela una economía que atrae capital hacia áreas de servicios y consumo, pero que aún enfrenta desafíos para retener inversiones en la industria pesada.
Otro dato que ilustra el atractivo paraguayo es la diversificación geográfica de sus fuentes de inversión. En el 2024, 68 países mantuvieron capital activo en el país. Brasil, Estados Unidos, Países Bajos, Uruguay y España figuran entre los principales emisores, aunque se destaca también la creciente participación de Chile, Argentina, Islas Caimán e Islas Vírgenes Británicas. Esta pluralidad de orígenes no solo amplía la red de vínculos económicos, sino que también reduce el riesgo de dependencia de pocos mercados.
La estabilidad macroeconómica, la baja presión tributaria y la previsibilidad de las reglas de juego siguen siendo factores clave para este tipo de flujos. En un contexto regional donde varios países sufren vaivenes cambiarios, inflación elevada y marcos regulatorios más restrictivos, Paraguay ofrece una ecuación atractiva entre riesgo y rentabilidad.
De acuerdo con el BCP, buena parte del flujo positivo corresponde a reinversión de utilidades y capitalización de empresas ya instaladas. Es decir, los inversionistas que operan en el país no solo permanecen, sino que amplían sus operaciones, un indicador de confianza que vale más que la entrada de nuevos capitales coyunturales.
Este fenómeno se explica, en parte, por el repunte de los sectores vinculados al consumo interno y al comercio regional, así como por la mayor apertura de la economía local hacia nuevos acuerdos bilaterales y estrategias de atracción de inversión. La infraestructura energética y el costo competitivo de la mano de obra también juegan un papel decisivo.
Mientras la inversión extranjera directa en América del Sur cayó un 18% durante el 2024, según informes internacionales, Paraguay fue una de las excepciones que registró crecimiento. Esta divergencia no es casual: el país logró sostener un entorno estable, sin shocks macroeconómicos ni alteraciones políticas significativas, algo que hoy se traduce en una percepción de “refugio” para el capital productivo.
Si bien los datos confirman la solidez del flujo inversor, el reto ahora pasa por traducir esa confianza en crecimiento real. La concentración del capital en determinados sectores y la salida en otros muestran la necesidad de políticas de diversificación y valor agregado que permitan un impacto más equilibrado en el empleo y la productividad.
Paraguay ha logrado instalarse en el radar de los inversionistas, pero el próximo paso será consolidar esa atención en proyectos que impulsen innovación, sostenibilidad y competitividad. En un mapa regional convulsionado, mantener la coherencia económica puede ser, más que una ventaja, una estrategia de desarrollo.


