Durante la veda, la pesca embarcada queda prohibida y solo se permite captura mínima desde la orilla para consumo familiar. La medida busca equilibrar la protección ambiental con la continuidad del abastecimiento local.
El cauce del río se aquieta, los motores se apagan y las redes descansan. Desde el 2 de noviembre entra en vigor la veda pesquera en aguas compartidas con Argentina y Brasil, una medida que busca dar respiro a los ecosistemas acuáticos y asegurar la reproducción natural de las especies que sostienen a miles de familias ribereñas.
El anuncio fue realizado por el Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (Mades), que estableció el cronograma de cierre según cada frontera. En los ríos limítrofes con Argentina, la veda se extenderá hasta el 20 de diciembre; mientras que con Brasil la restricción se mantendrá hasta el 31 de enero del 2026. Se trata de una decisión coordinada entre los países, que cada año acuerdan los tiempos de pausa según los ciclos de desove de las principales especies.
“El objetivo es permitir la reproducción natural de los peces y mantener el equilibrio ecológico de los ríos”, explicó Adán Leguizamón, director de Pesca del Mades. En este período, toda actividad de pesca embarcada, tanto comercial como deportiva, queda prohibida en los tramos afectados. También se suspende el uso de redes, anzuelos múltiples y cualquier arte de pesca que pueda alterar el proceso reproductivo de las especies.
La normativa no solo busca cuidar los recursos naturales, sino también prevenir la sobreexplotación que, año tras año, amenaza la sostenibilidad de las pesquerías continentales. “El río necesita su tiempo”, repiten los técnicos, conscientes de que cada temporada de veda es una inversión ambiental a largo plazo.
Durante la veda, se mantiene una excepción para la pesca de subsistencia, destinada exclusivamente a las comunidades ribereñas. Solo se podrá pescar desde la orilla, utilizando cañas o liñadas simples, con un límite máximo de 5 kilos por pescador, siempre que se trate de especies de escaso valor comercial. Los grandes ejemplares como el surubí, el dorado o el pacú quedan totalmente protegidos hasta el final del período.
También se autoriza la comercialización de productos provenientes de acuicultura, como tilapia, carpa o pacú cultivado, así como de pescados importados con documentación sanitaria. De esa forma, se busca equilibrar la protección ambiental con el abastecimiento del mercado interno.
El Mades advirtió que los acopiadores y comerciantes registrados deberán presentar una declaración jurada de stock entre el 27 y el 31 de octubre, especificando los productos pesqueros en depósito antes del inicio de la veda. Solo quienes cumplan con ese trámite podrán vender sus existencias durante un período máximo de diez días corridos, y únicamente hasta agotar lo declarado.
La Resolución 523/2025 refuerza además otras prohibiciones, como la venta y traslado de carnadas vivas y la exportación de peces ornamentales, salvo que cuenten con aprobación técnica y científica de la Dirección de Pesca y Acuicultura. El control estará a cargo de la Dirección de Fiscalización Ambiental Integrada, que aplicará multas y sanciones a quienes incumplan las disposiciones.
Para los pescadores comerciales, el cierre implica un parate que golpea la economía familiar, especialmente en zonas donde la pesca artesanal es la principal fuente de ingreso. Sin embargo, muchos reconocen que sin la veda, la pesca del futuro estaría en riesgo.
En tanto, el sector gastronómico y los comercios ajustan sus compras y menús para cumplir con la normativa, apostando cada vez más por especies cultivadas o de importación legal. La experiencia de años anteriores demuestra que, cuando la fiscalización se cumple, los resultados se reflejan en los meses siguientes: los ríos vuelven a poblarse y las capturas mejoran.
La veda no es solo una pausa en la actividad, sino un recordatorio de que el río —ese proveedor silencioso— también necesita un tiempo para regenerarse. Mientras tanto, los pescadores aguardan el levantamiento de las restricciones, mirando el cauce con la esperanza de que el próximo desove sea abundante. Porque cuidar el río hoy es garantizar que siga dando vida mañana.


