El MIC y la CAF lanzan una nueva fase del Programa de Cultura Financiera para Mipymes, con talleres y acompañamiento técnico para que las micro, pequeñas y medianas empresas accedan al crédito y planifiquen su crecimiento.
En Paraguay, miles de micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) sostienen la economía nacional desde la informalidad, sin acceso al crédito ni herramientas financieras que les permitan planificar su crecimiento. Frente a ese escenario, el Ministerio de Industria y Comercio (MIC) lanzó una nueva fase del Programa de Cultura Financiera para Mipymes, con el respaldo de la CAF - Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe.
El objetivo es claro: pasar del instinto a la estrategia. La mayoría de los pequeños negocios paraguayos se mueve entre la urgencia de vender y la necesidad de sobrevivir, pero sin una estructura financiera sólida. Según datos del propio ministerio, el 53% de las mipymes no logra acceder a crédito formal, lo que evidencia una brecha que, más que un obstáculo, el Gobierno y los organismos internacionales quieren convertir en oportunidad.
La segunda cohorte del taller Facilitadores en Educación Financiera marca el inicio de esta nueva etapa. No se trata solo de formar emprendedores, sino de transformar el ecosistema que los rodea. Los “facilitadores” que participan del programa —técnicos, asesores, representantes de cooperativas y entidades financieras— serán los encargados de multiplicar el conocimiento y acercar herramientas a los pequeños empresarios.
“Queremos cambiar la mentalidad. Que el crédito deje de verse como una deuda y pase a entenderse como una inversión productiva”, explicó Gustavo Giménez, viceministro de Mipymes. La idea es que el sistema financiero y las empresas aprendan a hablar el mismo idioma.
El programa se estructura sobre tres pilares: gestión empresarial, uso responsable del crédito y protección financiera a través de seguros. Estos conceptos, aunque parezcan básicos, son desconocidos para gran parte de los emprendedores que operan fuera del sistema formal. “Si una empresa no lleva registros, no puede proyectar su crecimiento ni acceder a financiamiento en condiciones justas”, advirtió Giménez.
En Paraguay, la informalidad sigue siendo el talón de Aquiles del desarrollo empresarial. Según estimaciones oficiales, el 77% de las mipymes pertenece a los sectores de comercio y servicios, rubros donde predomina la informalidad. Sin embargo, el MIC sostiene que la digitalización puede ser una vía de formalización efectiva, con herramientas como la Cuenta Mipymes electrónica y la integración de datos tributarios al sistema financiero.
Giménez aseguró que “no se trata de empujar a nadie al sistema, sino de abrir las puertas para que las empresas puedan entrar y crecer con respaldo”. La meta es que las mipymes dejen de ser vistas como actores vulnerables y pasen a ser protagonistas del desarrollo económico local.
El programa, que se desplegará a través de los 17 Centros de Desarrollo Empresarial del país, busca llegar tanto a las capitales departamentales como a los polos productivos rurales. El plan incluye talleres presenciales y acompañamiento técnico continuo para que cada empresa pueda adaptar las herramientas a su realidad.
Además, el MIC trabaja en una agenda regulatoria que facilite el acceso al crédito, incluyendo proyectos de ley sobre garantías mobiliarias y sociedades de garantía recíproca, mecanismos que permitirán respaldar préstamos con activos no tradicionales y reducir el riesgo para las entidades financieras.
Tania Riline, directora general de Financiación e Inversión del Viceministerio de Mipymes, sostuvo que el gran cambio no vendrá solo del financiamiento, sino del conocimiento. “La educación financiera no es un lujo; es una necesidad para cualquier negocio que aspire a perdurar”, afirmó.
El desafío de este programa no se limita a enseñar a las empresas a manejar sus finanzas. También implica que las instituciones financieras adopten una visión más inclusiva. Los “facilitadores” que se forman hoy serán los puentes entre ambos mundos: el de los bancos y el de los emprendedores.
En un país donde más del 60% del empleo proviene de las mipymes, elevar su cultura financiera equivale a fortalecer la economía nacional. La apuesta del MIC y la CAF, entonces, no es menor: transformar la relación de los paraguayos con el dinero, el crédito y la planificación.
Si el conocimiento logra permear el tejido productivo, las mipymes dejarán de operar con miedo a endeudarse y comenzarán a planificar con visión de futuro. Y en esa transición —de la sobrevivencia al crecimiento sostenible— podría gestarse una nueva etapa para la economía paraguaya.


