El Infona y la Cooperativa Chortitzer destacan por métodos que equilibran productividad y conservación. Sus modelos premiados muestran que Paraguay puede combinar desarrollo económico con gestión ambiental responsable.
En un mundo que mira con lupa cómo los países producen sus alimentos y cuidan sus recursos, Paraguay dio una pequeña gran sorpresa en Roma. En el Foro Mundial de la Alimentación 2025, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reconoció dos experiencias paraguayas como ejemplos de buenas prácticas sostenibles: la gestión forestal del Instituto Forestal Nacional (Infona) y el modelo productivo de la Cooperativa Chortitzer Ltda., en el corazón del Chaco.
La noticia no pasó inadvertida. No solo porque el país fue uno de los pocos de la región en ser distinguido, sino porque los casos premiados provienen de territorios donde la tensión entre producción y conservación ha sido constante. En otras palabras, el reconocimiento llega desde escenarios donde el equilibrio no es fácil de lograr.
El Infona fue destacado por su trabajo en producción y protección forestal sostenible, dentro del programa REDD+ y el Sistema Nacional de Monitoreo Forestal. En un país donde el bosque muchas veces se asocia con la deforestación, la institución apostó por un enfoque que combina tecnología, coordinación institucional y participación de las comunidades rurales.
El resultado es un modelo que intenta poner en valor al bosque sin dejarlo fuera del desarrollo económico. Lejos de los grandes discursos, el reconocimiento internacional parece confirmar que Paraguay puede ser parte de la solución climática global si convierte su experiencia forestal en política de Estado.
La segunda distinción recayó sobre la Cooperativa Chortitzer Ltda., que opera en una de las zonas más desafiantes del país: el Chaco. Allí, donde el suelo árido obliga a pensar dos veces cada cultivo, la cooperativa desarrolló un sistema de gestión que busca mantener la productividad sin agotar los recursos naturales.
La FAO valoró esta experiencia en el marco de la “Neutralidad de la degradación de la tierra”, coordinada por el Ministerio del Ambiente (Mades). Pero más allá de la terminología técnica, el premio reconoce una idea simple: producir sin destruir. En un contexto de cambio climático, eso ya es decir mucho.
Paraguay compitió entre más de mil casos presentados a nivel mundial. Que dos de ellos fueran seleccionados no es menor, sobre todo en un año donde las miradas internacionales suelen centrarse más en los problemas ambientales del país que en sus avances.
El galardón, entregado durante la reunión en Roma, será replicado en noviembre con una ceremonia local organizada por la FAO en Paraguay. Sin embargo, lo más importante no está en el certificado ni en la foto: está en la posibilidad de que estas experiencias sirvan de ejemplo dentro del propio país.
El mensaje que deja el reconocimiento es claro: hay caminos posibles entre la rentabilidad y la responsabilidad. Lo que se hace en el bosque y en el Chaco demuestra que no todo está perdido en la carrera por un modelo productivo más equilibrado.
Paraguay, tantas veces visto solo como exportador de materia prima, empieza a mostrar que también puede exportar conocimiento, innovación y gestión ambiental. En tiempos donde las etiquetas de “sostenible” abundan, pero los resultados escasean, estos dos ejemplos ofrecen una rareza: historias reales de transformación.









