El auge de micro y pequeñas empresas en Paraguay crece a ritmo récord, pero la mayoría no supera el primer año. Especialistas destacan que la capacitación y el apoyo estatal son claves para sostener los negocios.
El espíritu emprendedor paraguayo está en auge. Cada fin de año, miles de compatriotas se animan a dar el salto y crear su propio negocio. Sin embargo, la realidad muestra una contracara preocupante: la mayoría de estas nuevas empresas no logra superar su primer año de vida. Así lo reflejan los últimos datos de la Encuesta Permanente de Hogares Continua (EPHC) del Instituto Nacional de Estadística (INE), que registran un crecimiento sostenido en la cantidad de empleadores, aunque también advierten sobre la fragilidad del tejido empresarial emergente.
Según el informe, la cantidad de empleadores o patrones creció de 143.048 en el 2022 a 171.000 en el 2024, un salto del 20% en apenas dos años. Solo entre el cuarto trimestre del 2022 y el mismo periodo del 2023 se crearon 23.630 nuevas empresas, mientras que entre el 2023 y el 2024 se sumaron otras 4.322. La tendencia es clara: el país está viviendo su mejor momento en materia de creación de empresas, y se espera que el 2025 cierre con un nuevo récord.
Detrás de estas cifras está el entusiasmo emprendedor que, según el especialista en empleo Enrique López Arce, se potencia hacia fin de año. “No solo llega el mejor momento del empleo, sino también el mejor momento de la creación de empresas. Los paraguayos se animan a emprender, y eso es siempre una buena noticia”, afirmó.
Sin embargo, el mismo López Arce advierte que una parte considerable de estas empresas no logra sostenerse más allá del primer año. “Un número muy alto no resiste. Les cuesta pasar el primer año, y quienes lo logran, tienen mayores posibilidades de mantenerse. Pero la mayoría fracasa por falta de planificación, estudios de mercado o proyecciones financieras. Falta aplicar ciencia”, explicó.
Esa falta de preparación se traduce en una alta mortalidad empresarial, donde la inexperiencia y la informalidad juegan un papel determinante. Aun así, el especialista sostiene que el panorama es alentador, ya que cada nuevo emprendimiento implica aprendizaje y potencial de crecimiento. “Aunque muchas cierren, el hecho de que se animen ya es positivo. Lo importante es que el proceso emprendedor no se detenga, sino que se fortalezca con capacitación y acompañamiento”, remarcó.
El crecimiento de las micro y pequeñas empresas se apoya también en políticas públicas recientes. Con la nueva Ley de Mipymes y el trabajo articulado del Ministerio de Industria y Comercio (MIC), especialmente a través de su Viceministerio de Mipymes, se han ampliado las herramientas de formalización y los programas de formación empresarial.
“La mayoría de las nuevas firmas son microempresas, muchas creadas por necesidad más que por oportunidad. Pero con la capacitación y el apoyo estatal pueden transformarse en emprendimientos sostenibles”, explicó López Arce, destacando el rol de los centros de formación y asesoramiento del MIC, que hoy acompañan a miles de emprendedores en todo el país.
El informe del INE también confirma que el entorno laboral acompaña esta tendencia. La tasa de ocupación nacional llegó al 68,1% en el cuarto trimestre del 2024, lo que equivale a 2,99 millones de personas empleadas, 57.000 más que en el mismo periodo del año anterior.
El desempleo, por su parte, bajó al 4,6%, consolidando un panorama favorable para la expansión de nuevos proyectos productivos. Este contexto, sumado a una economía estable, motiva la apertura de más empresas, aunque su permanencia siga siendo el principal desafío.
El auge emprendedor paraguayo refleja una sociedad dinámica y optimista, dispuesta a invertir, innovar y buscar independencia económica. Pero el dato que más preocupa es la falta de consolidación: muchas empresas cierran antes de alcanzar su segundo aniversario, lo que frena el crecimiento sostenido y limita la generación de empleo formal.
El desafío, está en convertir el entusiasmo en estabilidad. Capacitación técnica, asesoramiento financiero, acceso al crédito y programas de acompañamiento son claves para que el boom emprendedor no se convierta en un ciclo de intentos fallidos.
En definitiva, Paraguay vive un momento de fuerte expansión empresarial, donde el desafío ya no es solo crear más empresas, sino lograr que permanezcan y crezcan. El país tiene el talento y las condiciones, pero falta dar el siguiente paso: transformar el impulso en permanencia.


