Nuestro país deja atrás los prejuicios: 20 años de reglas claras y crecimiento 

“Invertir en Paraguay hoy es como comprar bitcoin en 2011”

| Por La Tribuna-

Negri recordó que la foto actual es la consecuencia de un proceso. La economía diversificó su matriz: sin abandonar su fortaleza agroganadera y comercial, el componente industrial crece de forma sostenida, impulsado por el régimen de maquila. A diferencia del modelo mexicano, la maquila paraguaya está pensada para pymes: quien importe insumos, agregue valor local y reexporte paga un único tributo del 1 %. Esa regla simple, sumada al “triple 10” —IVA 10 %, renta corporativa 10 % y renta personal 10 %—, da previsibilidad y baja carga fiscal. “Cuando bajaron impuestos, la recaudación explotó”, resumió, atribuyéndolo a la formalización y al cumplimiento.

El expositor subrayó otro diferencial: el sistema de territorialidad. Toda renta generada fuera de Paraguay no tributa en el país, lo que convirtió a Asunción en polo para nómades digitales y profesionales con operaciones globales. El mensaje para el inversor es claro: pocas reglas, tasas bajas y estabilidad normativa. A ello se agrega un factor logístico decisivo: Paraguay opera la tercera flota mundial de barcazas y aprovecha la hidrovía para importar y exportar con costos competitivos. La disponibilidad de energía hidroeléctrica renovable, abundante y barata sostiene sectores electrointensivos y abarata la operación industrial.

En paralelo, el consumo interno cambió de piel. La consolidación de una clase media en expansión se refleja en un parque automotor moderno y en una demanda más exigente de bienes y servicios. Para Negri, detrás de esa dinámica hay una base social que valora el trabajo, la movilidad ascendente y la previsibilidad, lo que frena aventuras populistas y sostiene políticas de Estado. Como símbolo de continuidad, citó al guaraní: la moneda más antigua de la región sin cambios de denominación. En su lectura, cada “punto” en los gráficos equivale a familias que salen de la pobreza para incorporarse plenamente a la economía.

El real estate condensa esta nueva etapa. En los últimos cinco años, el mercado se volvió más selectivo: proyectos con arquitectura distintiva, amenities de alto estándar y ubicaciones estratégicas compiten por un público que viaja por negocios y por compras. En ese nicho, las unidades compactas —monoambientes de 30 a 35 m²— muestran rentas brutas anuales que, según el expositor, superan el 12 %, con tickets de obra competitivos frente a la región. Citó valores de entre USD 1.600 y 2.000 por metro cuadrado en obras premium, muy por debajo de plazas maduras. La regla empírica del momento, afirmó, es clara: a mayor metraje por unidad, menor retorno; a mayor enfoque en uso y servicio, mejor desempeño.

No todo es ladrillo. El país ofrece ventanas en turismo de experiencias, barrios con calidad de vida junto a espejos de agua —como el lago Ypacaraí— y un ecosistema emprendedor que se apalanca en costos de energía bajos y en talento joven. También destaca el flujo de familias y profesionales europeos y sudamericanos que eligen Paraguay para radicarse o para armar un “plan B”, atraídos por la seguridad jurídica, la facilidad de hacer negocios y conexiones aéreas que integran Asunción a hubs globales.

En Asunción, distritos como Villa Morra y el eje corporativo renuevan el skyline. Los proyectos compiten con amenities útiles —coworking, rooftops, wellness— y gestión. Para el inversor: ubicación, tipologías eficientes y operador con historial.

El cierre de Negri volvió al principio: “Paraguay me devolvió lo que mi país me sacó”. Detrás de la frase hay una invitación concreta. Si el pasado pesó con prejuicios, la actualidad ofrece certezas: un marco tributario simple, estabilidad política y cambiaria, logística fluvial estratégica, energía limpia y una demanda que se sofistica. Invertir hoy —con realismo y datos— no es un salto al vacío, sino una apuesta informada en un país que, para muchos, recién empieza a contarse en presente.

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