Economia

Cuando lo verde es la regla y no la excepción

La clave económica del 2025 tiene un nombre: “green by default”. Ya no se trata de lanzar una línea “eco” como nicho, sino de incorporar la sostenibi…

| Por La Tribuna
Agregar La Tribuna en
Business team working virtual modern smartphone to reduce CO2 emissions carbon footprint climate change to limit global warming.Sustainable development and green business concept. at office

La clave económica del 2025 tiene un nombre: “green by default”. Ya no se trata de lanzar una línea “eco” como nicho, sino de incorporar la sostenibilidad por defecto —sin sobreprecio ni fricciones— en la propuesta de valor. La razón es tan simple como contundente: la preocupación ambiental ya es mainstream y el precio sigue siendo la mayor traba para que la gente elija opciones más limpias. El informe Trendipedia 2025 resume el dilema: consumidores que quieren ayudar al planeta, pero terminan empujados hacia alternativas más baratas si lo verde cuesta más. Para las marcas, la vía de crecimiento es integrar la “verdosidad” sin recargos, simplificando la decisión de compra y capturando cuota de mercado.

Los datos de base muestran una tensión real. El 77% de los consumidores globales reconoce que vamos rumbo a un desastre ambiental si no cambiamos hábitos rápidamente. Sin embargo, en el Reino Unido, el 62% de quienes no adoptaron conductas sostenibles dijo que eran demasiado caras. Y, a escala internacional, se observó un descenso del 10% en la proporción de personas que compraron a organizaciones percibidas como sostenibles. El mensaje para el negocio es claro: la voluntad existe, el bolsillo manda.

Aun así, el consumidor no ve una contradicción entre impacto y rentabilidad: el 82% cree posible apoyar una buena causa y ganar dinero, y el 60% dice que intenta comprar marcas responsables aunque impliquen pagar más. Esa elasticidad, bien gestionada, permite reposicionar portafolios sin caer en “greenflation”. La clave está en ofrecer sostenibilidad como cobeneficio junto con conveniencia, salud o novedad, manteniendo paridad o ventaja de precio frente a alternativas tradicionales.

¿Cómo se traduce esto en P&L? Primero, diseñando productos y empaques que reduzcan desperdicios —lo cual protege márgenes— y comunicándolo mejor. Casi la mitad de los consumidores ya separa residuos y busca tirar menos comida; los meal kits ganan tracción porque resuelven tiempo y minimizan mermas. En packaging, la gente premia envases más fáciles de reseñar y que extienden la vida útil; además, crece la intención de compra cuando las marcas cuentan con claridad sus programas ambientales, y un segmento dice estar dispuesto a pagar algo más por un empaque más amigable. Todo ello impacta directamente en rotación, merma y valor percibido.

Hay, además, tácticas de precio que validan el “green by default”. En Alemania, Burger King eliminó la prima de precio de su menú vegano para equiparar (o abaratar) respecto a las opciones cárnicas: el incentivo es económico y la elección sostenible, casi automática. En México, la startup Kigüi usa cashbacks de hasta 40% para incentivar la compra de productos próximos al vencimiento y reducir desperdicios; una innovación que genera ahorro para el consumidor y eficiencia para el retail. Son dos caminos distintos hacia el mismo objetivo: que “lo verde” sea la opción por defecto porque es igual o más conveniente.

La ola también alcanza al retail y la agroalimentación. REWE abrió en Berlín un supermercado 100% vegano con más de 2.700 productos y 5.500 clientes semanales; Waitrose, en el Reino Unido, mapea con tecnología digital el “estado de la naturaleza” en granjas para orientar prácticas más amigables con la biodiversidad. Son señales de un ecosistema que integra oferta, trazabilidad y experiencia de compra para impulsar cambios de hábitos a escala.

Para Paraguay, que combina agroalimentos, industria láctea y bebidas con un entramado creciente de pymes, la oportunidad es concreta: capturar valor en toda la cadena con soluciones “by default” sin penalizar precio. Algunas jugadas posibles: 1) upcycling de subproductos —por ejemplo, fibras y proteínas de granos o bagazos— con alta aceptación del consumidor (71% los considera atractivos); 2) envases “derechos a la medida” (right-sized), reciclables y con mayor contenido renovable que extiendan shelf life y reduzcan merma; 3) programas de cashback/beneficios por reciclaje o compra inteligente (cercana al vencimiento) en alianza con retailers; 4) certificaciones y trazabilidad accesibles para pymes, comunicadas con transparencia. Todo apunta a mejorar el margen vía menos desperdicio y más rotación, no solo mediante sobreprecios “verdes”.

También hay una dimensión de marca. La comunicación importa: contar historias creíbles sobre acciones climáticas y de economía circular eleva la intención de compra. Pero el relato debe respaldarse con cambios operativos —fermentación y procesamientos más suaves, eficiencia en energía y agua, y empaques con menor uso de materiales finitos— que se noten en el producto final. La sostenibilidad no puede ser un claim; tiene que sentirse en el precio, la practicidad y el sabor.

Checklist ejecutivo para el board y operaciones: (a) diseñar la paridad de precio con alternativas plant-based o de menor huella; (b) acelerar pilotos de upcycling y de “última milla” del desperdicio; (c) fijar OKRs de empaque (reciclable, papelización donde aplique, barreras sin foil) y comunicar instrucciones de reciclaje en el front; (d) incorporar incentivos al “green behaviour” (cashback, cupones, clubes de puntos). Son medidas de rápida ejecución con impacto tangible en CSAT, repetición y EBIT.

El veredicto de mercado es inequívoco: si lo sostenible se ofrece como estándar, sin coste extra y con mejor experiencia, la adopción crece sola. En el  2025, competir por precio y competir por impacto ya no son caminos opuestos; son la misma estrategia. “Green by default” no es una campaña: es el nuevo diseño del negocio.

También te puede interesar

Últimas noticias