Paraguay entre el crecimiento de la productividad y los desafíos en innovación, según un reciente y exhaustivo informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), titulado "Panorama de las Políticas de Desarrollo Productivo en América Latina y el Caribe 2025", que analiza los obstáculos que impiden a la región alcanzar un crecimiento económico sostenido.
El documento se centra en la "trampa de baja capacidad para crecer", un fenómeno explicado en gran medida por una productividad estancada. Si bien Paraguay no es el foco central del estudio, los datos en los que figura ofrecen un diagnóstico claro: el país exhibe un dinamismo en su productividad que lo diferencia positivamente, pero al mismo tiempo evidencia debilidades estructurales en sus políticas de innovación y articulación que podrían limitar su potencial a largo plazo.
En el panorama regional, Paraguay destaca por su desempeño reciente en productividad laboral. El informe señala que, en 2024, el país registró una variación anual positiva del 3,2 % en la productividad por hora trabajada. Esta tendencia no es aislada. En el periodo analizado de 1991 a 2019, Paraguay fue una de las naciones que experimentó un crecimiento de la productividad impulsado tanto por la mejora dentro de sus sectores económicos (componente intrasectorial) como por el traspaso de mano de obra hacia actividades más productivas (componente intersectorial o cambio estructural).
Sin embargo, esta evolución positiva debe ser matizada. A pesar del crecimiento, el nivel de productividad de Paraguay por hora trabajada se ubica en la mitad inferior del ranking regional. Esto sugiere que, si bien el país avanza en la dirección correcta, parte de una base relativamente baja, compartiendo el desafío regional de una brecha de productividad significativa en casi todos sus sectores económicos al compararse con economías más desarrolladas como las de la Unión Europea.
Las debilidades: políticas de innovación con falta de hoja de ruta
El análisis más detallado que ofrece el informe sobre Paraguay se centra en sus políticas de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI). Aquí, el diagnóstico es mixto. Como fortaleza, se reconoce que el país cuenta con una "Agenda Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación" formal desde 2022, formulada a través de un proceso de consulta pública. Además, se clasifica al país en el "Grupo B", lo que significa que posee una entidad rectora dedicada exclusivamente a CTI (el Conacyt), aunque carece de otras entidades administradoras de instrumentos más especializados.
No obstante, el informe revela importantes carencias en la implementación de esta agenda. El documento estratégico paraguayo es débil en aspectos cruciales: carece de una previsión presupuestaria clara, no especifica responsables concretos para la ejecución, no establece hitos o metas de gestión y no cuenta con un mecanismo de seguimiento formal. Estas ausencias convierten a la agenda en una declaración de intenciones más que en un plan de acción viable, limitando su capacidad para generar un impacto real.
Este diagnóstico se agrava al analizar la distribución de los recursos. El presupuesto del Conacyt se destina de forma abrumadora a la "Formación" de capital humano y a la "Investigación y desarrollo", con una participación casi nula en el fomento directo de la "Innovación" empresarial. Esta descompensación apunta a una desconexión entre el mundo académico y las necesidades del sector productivo.
Posibilidades y oportunidades de mejora
La principal debilidad detectada por el informe es también la mayor oportunidad para Paraguay: la falta de políticas de desarrollo de "iniciativas clúster y otras iniciativas de articulación productiva (IAP)". El país no figura en ninguno de los análisis de este capítulo, lo que denota una ausencia de estrategias para fomentar la colaboración entre empresas e instituciones, un mecanismo que la Cepal considera fundamental para potenciar la competitividad y la innovación.
El camino a seguir, según la visión de la Cepal, implica varias acciones concretas:
Fortalecer la gobernanza en CTI: la agenda nacional de innovación debe robustecerse con una hoja de ruta clara que incluya presupuestos, responsables y sistemas de evaluación, pasando de la declaración a la acción.
Reorientar los instrumentos: es crucial diversificar los instrumentos de CTI para apoyar directamente la innovación en las empresas, creando un puente efectivo entre el conocimiento generado y su aplicación productiva.
Apostar por la articulación: diseñar e implementar políticas que fomenten la creación de clústeres y redes empresariales. Esto permitiría abordar cuellos de botella sectoriales, mejorar la competitividad de las pymes y generar ecosistemas de innovación más dinámicos.
En conclusión, el informe de la Cepal posiciona a Paraguay como un país con un desempeño notable en el crecimiento de su productividad, pero con una estructura de políticas de fomento a la innovación aún incipiente y desarticulada. Para escapar de la trampa del bajo crecimiento y capitalizar su dinamismo, el país tiene la tarea de transformar sus buenas intenciones en políticas públicas estructuradas, financiadas y orientadas a resultados, con un foco estratégico en la colaboración y la innovación empresarial.


