Paraguay propone un gasoducto bioceánico para unir la región

En un escenario en el que la energía se posiciona como eje central de la competitividad regional, Paraguay busca abrirse camino con una propuesta que…

| Por La Tribuna-
Agregar La Tribuna en

En un escenario en el que la energía se posiciona como eje central de la competitividad regional, Paraguay busca abrirse camino con una propuesta que podría cambiar el mapa energético de Sudamérica. Durante la X Semana de la Energía, organizada por la Organización Latinoamericana de Energía (Olade) en Santiago de Chile, el país presentó la idea de construir un gasoducto bioceánico que funcionaría como puente entre países productores y consumidores de gas natural.

El planteamiento estuvo a cargo de Julio Albertini, director de Hidrocarburos del Ministerio de Energía, quien describió al proyecto como una suerte de “Canal de Panamá” para el gas latinoamericano. La comparación no fue casual: así como la vía interoceánica revolucionó el comercio marítimo, un gasoducto que conecte el Atlántico con el Pacífico podría convertirse en la gran autopista energética de la región.

El proyecto se concibe como una red de transporte que permita, por ejemplo, llevar gas desde Chile hasta San Pablo, o mover la producción del Chaco paraguayo hacia Brasil. En palabras de Albertini, el gran objetivo es apuntalar la creciente demanda de Brasil, al que definió como “un continente en sí mismo” cuando se habla de consumo energético.

El interés paraguayo se sostiene en un contexto regional de expansión. Argentina avanza con el desarrollo de Vaca Muerta, una de las reservas de gas no convencional más grandes del mundo, mientras Brasil continúa explotando el potencial del Presal en sus costas. En ese tablero, Paraguay no busca competir como productor a gran escala, sino convertirse en el articulador que haga posible el flujo de gas entre los principales mercados.

La idea de un gasoducto bioceánico no es nueva en la región, pero el planteo paraguayo le da un enfoque estratégico al situarse como territorio de conexión. El país se encuentra en el corazón de Sudamérica y su posición geográfica podría convertirse en ventaja logística si logra atraer inversiones y acuerdos multilaterales que hagan viable el proyecto.

Los retos, sin embargo, son significativos. No se trata solo de la construcción de la infraestructura, que demandaría inversiones millonarias y cooperación internacional, sino también de establecer un marco regulatorio que permita la operación transfronteriza del gas. Albertini subrayó que ya existen estudios inspirados en modelos aplicados en Argentina, Chile y Brasil, lo que daría un soporte legal y técnico para avanzar.

A nivel económico, un corredor energético de esta magnitud podría impulsar la integración regional y reforzar la competitividad industrial de los países involucrados. Para Paraguay significaría pasar de ser un consumidor a desempeñar un rol clave en la distribución, con efectos colaterales en su desarrollo logístico, infraestructura y generación de empleo.

El discurso paraguayo se inscribe en una narrativa más amplia: la de una Sudamérica que busca proyectarse como potencia energética y productora de minerales críticos, al mismo tiempo que se consolida como proveedor mundial de alimentos. En ese triángulo —energía, alimentos y minerales—, Paraguay apuesta a no quedarse rezagado y, más bien, asumir un papel protagónico como país de tránsito estratégico.

“Latinoamérica será una nueva potencia mundial en producción de energía, alimentos y minerales críticos”, afirmó Albertini durante su presentación, destacando que la integración energética puede convertirse en una de las claves para que la región tenga mayor influencia en el escenario global.

La propuesta todavía se encuentra en etapa de exposición y debate, pero deja en claro que Paraguay busca posicionarse en el mapa energético de los próximos 30 años. La oportunidad está dada por la necesidad de los países vecinos de garantizar suministro estable y diversificado, y por la posibilidad de que un proyecto bioceánico reduzca costos de transporte, dinamice el comercio y mejore la seguridad energética regional.

Si bien aún quedan preguntas abiertas sobre financiamiento, plazos y el rol que jugarán los Estados frente a las empresas privadas, la apuesta paraguaya revela una ambición: convertirse en el corredor de gas que conecte los dos océanos y que, como el Canal de Panamá hace más de un siglo, cambie para siempre las rutas de integración en Sudamérica.

También te puede interesar

Últimas noticias