Economia

Tecnología accesible para impulsar el desarrollo económico comunitario

Cuando se habla de inteligencia artificial (IA), la imagen más habitual suele ser la de grandes modelos de lenguaje entrenados con millones de datos,…

| Por La Tribuna

Cuando se habla de inteligencia artificial (IA), la imagen más habitual suele ser la de grandes modelos de lenguaje entrenados con millones de datos, alojados en supercomputadoras y capaces de procesar información a una velocidad vertiginosa. Estas “IA de gran escala” dominan los titulares y los debates sobre competitividad global, acceso desigual a la tecnología o riesgos de concentración del poder digital en unos pocos países y corporaciones.

Sin embargo, en paralelo está surgiendo otra historia que resulta particularmente significativa para los países en desarrollo, el crecimiento de la IA de pequeña escala. Este enfoque, menos mediático pero muy concreto, se centra en soluciones asequibles, adaptadas al contexto local y que requieren recursos mínimos. A diferencia de los grandes modelos, estas aplicaciones funcionan en teléfonos inteligentes o computadoras portátiles, utilizan bases de datos más reducidas y, sobre todo, están diseñadas para resolver necesidades inmediatas.

Agricultura, tecnología para producir más y mejor

El potencial de estas herramientas se percibe con claridad en el campo. En Kenia, la aplicación Nuru permite a los agricultores fotografiar una hoja enferma de su cultivo y recibir en segundos un diagnóstico preciso, incluso sin conexión estable a internet. En Senegal, una plataforma digital analiza perfiles de agricultores y datos de siembra para ofrecer recomendaciones personalizadas sobre riego o control de plagas a través de mensajes en dispositivos móviles. En Ghana, otra empresa emergente envía por SMS pronósticos meteorológicos hiperlocales, útiles para decidir el momento de plantar o cosechar.

Lo interesante es que estas iniciativas no requieren una infraestructura sofisticada, sino que aprovechan lo que ya existe, registros comunitarios de agricultores, redes de extensión agrícola o la simple penetración de la telefonía móvil. El resultado es mayor productividad, mejor resiliencia y más ingresos para familias rurales.

Salud, diagnósticos al alcance de todos

En la atención médica, la IA de pequeña escala está ampliando el acceso en lugares donde los médicos son escasos. En las islas del Pacífico se prueban aplicaciones que asisten en la atención materna remota. En India, herramientas portátiles basadas en IA ayudan a detectar tuberculosis y diabetes sin depender de banda ancha. Y en Perú se desarrollan diagnósticos por voz en lenguas indígenas, una innovación que mejora la confianza de las comunidades y garantiza que la tecnología no excluya a quienes hablan idiomas originarios.

La combinación de bajo costo, adaptación cultural y accesibilidad convierte a estas herramientas en un recurso clave para fortalecer los sistemas sanitarios.

Educación, personalizar el aprendizaje

Otro campo transformador es la educación. En Ghana, el tutor de matemáticas Rori, que funciona por WhatsApp y se entrenó con apenas 500 microlecciones, cuesta alrededor de 5 dólares por estudiante al año, pero produce avances equivalentes a un año adicional de escolaridad. En Costa Rica, México y República Dominicana, programas similares están llegando a comunidades indígenas y rurales. Y plataformas como Diksha en India o Shikkhok en Bangladesh ofrecen contenidos en varios idiomas, con o sin conexión a internet.

La clave es que estos sistemas permiten una enseñanza más personalizada, algo impensable en aulas masificadas y con recursos limitados.

Lecciones clave de la IA de pequeña escala

Los casos muestran que este modelo funciona bajo ciertos principios:

  • Aborda problemas muy concretos y locales, como una enfermedad específica o una necesidad educativa puntual.
  • Se apoya en infraestructura existente (WhatsApp, registros agrícolas, redes sanitarias).
  • Está diseñado para funcionar sin conexión estable y en dispositivos móviles.
  • Requiere alianzas público-privadas, donde el gobierno habilita, el sector privado innova y la comunidad asegura que las soluciones respondan a necesidades reales.

Mientras los modelos de gran escala seguirán marcando la frontera de la investigación, la IA de pequeña escala ya está transformando comunidades. Su fuerza está en la pragmática: es económica, sostenible y capaz de superar barreras tradicionales de infraestructura. Para organizaciones como el Banco Mundial, representa una vía crítica hacia un mundo digital más inclusivo.

La gran enseñanza es que la promesa de la IA no debería limitarse a un puñado de naciones con recursos. La “otra” inteligencia artificial —más modesta, pero profundamente útil— demuestra resiliencia, ingenio y capacidad de generar oportunidades desde abajo, en los lugares donde la necesidad es más urgente. Y probablemente, sus capítulos más emocionantes todavía estén por escribirse.

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