En el corazón del departamento de San Pedro, la comunidad indígena Tapÿicue (mbyá guaraní), ubicada en el distrito de General Resquín, dio un paso decisivo hacia su autonomía económica y alimentaria con la plantación de Chía. Con esfuerzo colectivo, disciplina y acompañamiento técnico del Estado, las 86 familias que la integran lograron cosechar 32.000 kilos de semillas en 60 hectáreas, lo que representó ingresos por G. 170 millones.
Más allá de la cifra, lo más trascendente fue la decisión de la comunidad sobre el excedente de G. 34 millones: reinvertirlo en infraestructura y proyectos comunitarios que apunten a diversificar la producción y asegurar un sustento más estable en el tiempo. Parte de los fondos se destinó al alambrado perimetral de las parcelas, a la construcción de un gallinero comunitario de una hectárea y a un estanque de piscicultura para iniciar la cría de alevines.
“Lo importante no es solo lo que generamos con la chía, sino cómo lo usamos para fortalecer a la comunidad. Queremos que este logro sea el inicio de más proyectos que beneficien a todas las familias”, señaló Claudio Garcete, líder de Tapÿicue, en diálogo con La Tribuna.
Diversificación productiva como meta
El objetivo de la comunidad no se limita a la semilla que les dio su primera gran cosecha. Garcete explicó que buscan sumar otros rubros, como maíz híbrido, hortalizas, aves de corral, peces y plantas medicinales. La lógica es clara: no depender de un solo cultivo y garantizar ingresos durante todo el año.
Con esa meta, ya solicitaron al Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) apoyo para acceder a semillas híbridas de maíz y ampliar la superficie de siembra a 100 hectáreas en la próxima zafra.
“Queremos crecer con organización y capacitación. Cada experiencia nos deja aprendizajes, y lo que buscamos es que nuestras familias tengan seguridad alimentaria y una fuente de ingresos constante”, sostuvo Garcete.
Respaldo estatal y trabajo comunitario
El MAG, a través de sus técnicos, acompaña de cerca a la comunidad con asistencia y provisión de insumos. Durante una visita reciente, el ministro Carlos Giménez valoró el esfuerzo colectivo de Tapÿicue. “Son un ejemplo de que cuando hay unión y compromiso, los objetivos de la agricultura familiar se hacen realidad”, afirmó.
El modelo de trabajo de Tapÿicue es comunitario. Los ingresos no se reparten de manera individual, sino que se administran en conjunto para impulsar proyectos que beneficien a todos. Esa lógica explica por qué, en lugar de gastar el dinero de la cosecha en consumo inmediato, decidieron reinvertirlo en infraestructura y nuevas iniciativas productivas.
Vida comunitaria y organización
Actualmente, Tapÿicue está compuesta por 86 familias y más de mil personas, entre ellas numerosos niños y jóvenes que participan de las labores agrícolas. Las jornadas comienzan temprano, a las cinco de la mañana, con la preparación de las parcelas y la distribución de tareas, lo que refuerza la dinámica solidaria.
“Cada guaraní que entra se piensa en función del colectivo. Es un esfuerzo que no solo alimenta, también une y motiva a las familias a seguir trabajando”, explicó Bernardo Quiñones, técnico del MAG que acompaña el proceso.
La experiencia de Tapÿicue refleja cómo las comunidades indígenas encuentran en la agricultura un camino para integrarse a los mercados sin abandonar sus formas de organización ni su identidad cultural. La venta de la chía se realizó directamente a los silos, sin intermediarios, lo que permitió retener una mayor proporción de las ganancias.


