El inicio de la siembra de soja 2025 en la Cooperativa Apagrao, distrito de Raúl Arsenio Oviedo, fue más que un acto simbólico de apertura del ciclo agrícola. En el corazón del departamento de Caaguazú, referentes del sector productivo y autoridades nacionales coincidieron en un mismo punto: la titulación de tierras se ha convertido en una herramienta clave para el progreso de los colonos rurales.
En un evento contundentemente organizado por la Federación de Cooperativas de Producción (Fecoprod) y la Unión de Gremios de la Producción (UGP), se aplaudió con fuerza el trabajo incansable del Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra (Indert). Más aún, se puso en el centro su esfuerzo titánico para regularizar lotes que, por largos años, han sido trabajados sin descanso, pero que, hasta este preciso instante, seguían injustamente sin seguridad jurídica.
El valor del título para el pequeño productor
Para Alfred Fast, titular de Fecoprod, el esfuerzo del Indert representa un cambio concreto en la vida de miles de familias campesinas. “El pequeño productor necesita de su título de propiedad para acceder a créditos, y hoy vemos que el trabajo que se está realizando en el Indert abre esa puerta de oportunidades. Es un excelente avance y ojalá se pueda multiplicar”, expresó.
El dirigente remarcó que la titulación no es solo un documento legal, sino un puente hacia el financiamiento, la tecnificación y el crecimiento de la producción. Con acceso a créditos blandos, los colonos logran invertir en semillas, maquinarias y tecnología, lo que eleva la competitividad del sector.
La visión del Indert: cooperación público-privada
Francisco Ruiz Díaz, presidente del Indert, subrayó que los logros alcanzados son fruto de un modelo de cooperación entre instituciones públicas y gremios privados. “No existe camino al progreso y desarrollo sin un trabajo conjunto entre agentes del sector privado y público”, señaló durante su intervención.
El funcionario resaltó que entre el 80 y 90 % de los productores del país son colonos del Indert y que muchos de ellos están vinculados a rubros que más divisas generan, como las oleaginosas. “El 23 % del ingreso de divisas corresponde a este rubro, y gran parte de esa contribución nacional viene de pequeños productores que trabajan con esfuerzo y disciplina”, puntualizó.
Un país de productores diversos
En Paraguay, la agricultura no se limita a los grandes volúmenes de soja o maíz que llegan a los mercados internacionales. En cada colonia existen familias que diversifican sus cultivos con hortalizas, frutas, ganado menor o rubros alternativos que abastecen a los mercados internos y sostienen la seguridad alimentaria.
Para este universo de productores, la falta de un título era una barrera silenciosa que los relegaba a la informalidad y al círculo vicioso de bajos ingresos. La política de regularización que lleva adelante el Indert, con acompañamiento de gremios como la Fecoprod y la UGP, busca romper esa limitación histórica.
Un nuevo paradigma para el desarrollo
El propio Ruiz Díaz sintetizó la filosofía de esta gestión: “No hay una gran diferencia entre pequeños y grandes productores, sino en las oportunidades que cada uno recibe. Nuestro desafío es eliminar el individualismo y potenciar la colectividad. Solo así podremos garantizar desarrollo y progreso para todos”.
Con este enfoque, el Indert apunta a instalar una cultura de trabajo conjunta en la que los productores, sean pequeños o grandes, encuentren en el Estado un aliado y no un obstáculo. La articulación público–privada deja de ser un discurso y se convierte en una práctica visible en el campo.
La titulación de tierras no solo abre la puerta a créditos productivos, también tiene un impacto directo en la estabilidad de las familias, en la herencia para las siguientes generaciones y en la consolidación de un tejido social más sólido en las colonias. Al mismo tiempo, fortalece el mercado interno, genera confianza en los inversionistas y mejora la reputación del país como proveedor confiable de alimentos.


