Las calles de la Costanera de Asunción y la explanada de la Dirección de Comercialización en San Lorenzo se llenaron otra vez de vida, aromas y colores. No fue un día cualquiera: desde las 7:00 de la mañana de este jueves los productores de la agricultura familiar llegaron con sus mesas, toldos y canastas cargadas de productos frescos. Lo hicieron con el entusiasmo de quienes saben que cada feria es una oportunidad para mostrar el valor de su trabajo y, al mismo tiempo, llevar sustento directo a sus familias.
Estas ferias, impulsadas por el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) a través de las direcciones de Comercialización y Extensión Agraria, son hoy mucho más que un evento puntual: representan un modelo de desarrollo inclusivo que conecta al productor con el consumidor sin intermediarios, generando un círculo virtuoso de confianza, accesibilidad y justicia económica.
“Impresionante cómo se lleva la carne, es una opción buenísima. Nuestros precios son de finca, productos frescos, recién faenados. El lechón, la oveja, la cabra, todo a precios súper accesibles”, relató Carolin Leguizamón, del MAG, en plena feria de la Costanera. Su entusiasmo resume el espíritu de estas jornadas: vender bien, vender rápido y vender directo.
Un crecimiento sin precedentes
Los números de este año son claros: las ferias de la agricultura familiar no paran de crecer.
Entre enero y junio de 2025 se realizaron 2.955 ferias en todo el país, generando ingresos por más de G. 21.552 millones. Esto permitió beneficiar directamente a más de 10.600 familias rurales
Estos resultados confirman que las ferias no son un experimento pasajero, sino una política pública en consolidación, que combina tradición campesina con visión moderna de mercado.
Un aspecto que diferencia a estas ferias es su forma de organización. Los productores trabajan en comités. Cada familia aporta lo que produce: uno lleva gallinas, otro queso, otro batatas o choclos. Todo se reúne y se vende en conjunto. Esta modalidad no solo garantiza variedad de productos, sino también una distribución equitativa de beneficios.
“Lo más lindo es que los productores trabajan en forma comunitaria. Cada comité organiza la producción. Si vos tenés gallinas, aportás gallinas; si tenés queso, aportás queso. Así se logra una feria variada, justa y comunitaria”, destacó Leguizamón.
El MAG acompaña el proceso con técnicos extensionistas que orientan a los productores en buenas prácticas agrícolas, etiquetado, embalaje y comercialización, fortaleciendo la confianza del consumidor.
Más que ventas: una escuela para el futuro
Las ferias también cumplen un rol pedagógico. Para los productores son una “escuela” donde aprenden a negociar precios, atender a clientes, organizar la logística y mejorar la presentación de sus productos. Para los consumidores urbanos son una ventana al mundo rural y una oportunidad de reconectar con la cultura alimentaria paraguaya.
En 2024, por ejemplo, la gran feria departamental de Itapúa se realizó en coincidencia con el Rally Mundial, logrando una recaudación récord. Ese tipo de experiencias demuestra que las ferias no solo son espacios de abastecimiento, sino también de integración social y cultural.
Una apuesta de país
Las ferias de la agricultura familiar son, en esencia, una política de Estado que apunta a reducir desigualdades, fortalecer la soberanía alimentaria y dinamizar las economías locales. En cada edición se teje una red invisible que une al pequeño productor de San Pedro con la familia de la capital que busca alimentos frescos y accesibles.
El desafío hacia adelante es mantener la constancia y ampliar el alcance. Para ello, es clave que los consumidores urbanos adopten el hábito de visitar estas ferias y que las instituciones continúen brindando apoyo logístico y técnico.
Julio y agosto: ferias simultáneas, récords y comunidad
El impulso no se detuvo en el segundo semestre. Solo entre el 28 de julio y el 2 de agosto se realizaron 9 ferias en distintos puntos del país, que beneficiaron a 1.448 familias productoras agrupadas en 101 organizaciones.
Una semana después, del 4 al 8 de agosto, se sumaron 6 ferias más, alcanzando a 1.060 familias organizadas en 37 comités productivos. Ese mismo 5 de agosto, la Costanera de Asunción y el Paseo 1811 de Fernando de la Mora vivieron ferias simultáneas que demostraron la fuerza de la logística comunitaria.
Posteriormente, entre el 11 y el 15 de agosto se desarrollaron 5 ferias adicionales en Lambaré y Asunción, con la participación de 775 familias rurales pertenecientes a 27 organizaciones.
En total, de enero a agosto, las estimaciones superan las 3.070 ferias realizadas y más de 12.000 familias beneficiadas.
Mucho más que productos
El atractivo de estas ferias está en la calidad y frescura de los alimentos, pero también en la experiencia de compra:
Queso Paraguay a G. 27.000
Huevos caseros a G. 20.000 la docena
Lechón a G. 32.000 el kilo
Frutillas gigantes de Itapúa
Harina de maíz casera a G. 12.000 el kilo
Verduras frescas como lechuga, acelga y verdeos desde G. 10.000 el paquete.
Los precios, notablemente más bajos que en los supermercados, son posibles porque no existen intermediarios. “La sandía que trajeron los productores está a G. 5.000 y en supermercados cuesta entre G. 9.000 y 12.000”, ejemplificó Leguizamón.
Pero más allá del costo, hay un valor emocional: cada compra es un gesto de solidaridad y reconocimiento hacia las familias que trabajan la tierra. Detrás de cada queso o choclo vendido hay una historia de esfuerzo, organización comunitaria y esperanza.


