Inmediatamente después de la resurrección de los Juegos Olímpicos en la milenaria Grecia, y a las puertas y albores del siglo XIX, en todo el mundo –y Paraguay no podía ser la excepción– estalló la afición hacia la cultura física y el deporte, que si bien eran manifestaciones del quehacer de los pueblos que mucho antes ya se desarrollaban, recién en este tiempo hallaron una estructura fija, organizada, estable y creciente.
El número de cultores creció considerablemente y entre las disciplinas que se desarrollaron paralelamente, el fútbol se instaló en gran parte de Europa y América como la más difundida y cultivada, a partir del establecimiento de reglas que comenzaron a regir en Inglaterra y de ahí se expandieron tanto en el Viejo como en el Nuevo Mundo.
Después de fundarse el primer club deportivo en el país, el Nacional de Regatas El Mbiguá, gran impulsor del remo, solo poco más de dos meses más tarde nacía el club Olimpia, la primera institución futbolística.
Y a partir de ahí surgieron otras entidades tanto en la capital como en el interior.
Sus actividades eran aisladas e independientes unas de otras, hasta que un visionario comunicador, Adolfo Riquelme, director de El Diario, uno de los más importantes medios impresos de la época, aglutinó voluntades y propició en la redacción de su periódico la reunión de representantes de los clubes Olimpia, Guaraní, Nacional, Libertad y General Díaz, para dar vida a la Liga Paraguaya de Football Association y así poder propiciar el primer campeonato oficialmente organizado en nuestra nación, en el mismo año 1906.
En esa asamblea, Adolfo Riquelme fue nombrado primer presidente de la naciente asociación (hoy APF). Pero ahí no se detuvo su obra.
No se limitó a ser el gran ideólogo de la fundación de la primera liga deportiva paraguaya, sino en el gran impulsor del conocimiento y popularización de la modalidad, desde las páginas del periódico que cumplió un papel fundamental para el asentamiento pleno y la rápida popularización del fútbol.
A su trágica muerte, un día después de la clausura de El Diario, su compañero de sueños periodísticos y de ideales políticos y deportivos, que escapó a la muerte en la cruenta revolución de 1911, don Eduardo Schaerer, tomó la posta y desde La Tribuna, con idéntica vocación de servicio al deporte, continuó la gran tarea de promoción del fútbol, ampliando su cobertura y posibilitando que se pudiera rescatar la historia misma de la actividad reflejada en sus páginas.
Gracias a este gran aporte del periodismo, primero de El Diario y luego de La Tribuna, a la que se adhirieron además otros medios de la época, el gran historiador y estadígrafo Andrés Riquelme ha podido rescatar y hoy ya digitalizar inclusive, junto a su hermano José, todos los resultados de los juegos oficiales del fútbol paraguayo y sus diversas travesías a nivel de selecciones y de clubes en el campo internacional.
Don Eduardo tampoco se contentó –como antes Riquelme– en su gran amor al deporte, con apoyarlo solo como periodista, sino que además, al llegar a la primera magistratura en la función pública, donó los terrenos sobre los cuales hoy está asentado el Estadio de los Defensores del Chaco.
Hoy así como ayer, La Tribuna continúa en la perseverante senda de servicio al deporte y no solo al fútbol, pues con auténtica valoración de todas las disciplinas y de la importancia del aporte que ellas brindan a la sociedad, tanto en su edición impresa, que está cumpliendo un siglo, como en la digital y en todas sus redes, ofrece cabida plena a la información y difusión de todas sus actividades.






