El testimonio de Hugo “El Pollo” Carvajal, enviado desde una prisión federal de Estados Unidos, revela que el socialismo del siglo XXI impulsó un proyecto continental para influir en procesos electorales mediante tecnología manipulable. Según el exjefe de Inteligencia Militar del chavismo, Smartmatic no surgió como una startup independiente, sino como una “herramienta electoral del régimen venezolano”, diseñada para intervenir resultados mediante software alterable.
Carvajal afirma haber colocado a un hombre de su confianza dentro del Consejo Nacional Electoral venezolano para operar ese sistema, lo que, de confirmarse, situaría la manipulación electoral como un componente de una estructura mayor que combinaba criminalidad organizada, espionaje y operaciones encubiertas.
El señalamiento adquiere relevancia regional porque Smartmatic operó también en procesos electorales fuera de Venezuela, incluida su presencia en Paraguay a través de Excelsis, del empresario Daniel Sauca. La propia compañía reconoció en el 2017 que la elección de la Asamblea Constituyente en Venezuela tuvo una participación “manipulada en al menos un millón de votos”, lo que evidenció la vulnerabilidad de un sistema presentado durante años como infalible.
En la carta, Carvajal describe al Estado venezolano como un aparato criminal con redes que incluyen al Cartel de los Soles, el Tren de Aragua, Hezbollah y agencias de inteligencia aliadas, insertas en una estrategia de operaciones híbridas. Bajo esa tesis, permitir que la tecnología electoral nacida en ese entorno administre comicios en otros países deja de ser un debate técnico y pasa a convertirse en un asunto con implicancias de seguridad nacional.


