Del milagro compartido al pacto nacional: llamada de la Iglesia al Bien Común

La carta pastoral sobre el Bien Común parte de una escena del Evangelio: la multitud hambrienta y Jesús que dice a sus discípulos: “Denles ustedes de…

| Por La Tribuna
Conferencia Episcopal Paraguaya

La carta pastoral sobre el Bien Común parte de una escena del Evangelio: la multitud hambrienta y Jesús que dice a sus discípulos: “Denles ustedes de comer”. No se trata solo de repartir pan, sino de aprender a confiar en Dios compartiendo lo poco que tenemos. El milagro nace cuando todos se sientan, se organizan y ponen en común sus recursos. Así entiende la Iglesia el Bien Común: no como una idea bonita, sino como la forma concreta de vivir el amor social y la fraternidad en Paraguay.

El Bien Común reúne todo aquello que necesitamos para vivir con dignidad: agua limpia, tierra, trabajo, salud, educación, justicia, seguridad, un ambiente sano y un Estado que sirva a todos, especialmente a los más pobres. Cuando estos bienes se privatizan, se usan para beneficio de unos pocos o se administran con egoísmo, se hiere la dignidad de las personas y se rompe el proyecto de Dios. Por eso la carta invita a mirar nuestra historia, reconocer la solidaridad de nuestro pueblo, pero también la indiferencia, la corrupción y el desencanto que nos paralizan.

En la política, los obispos recuerdan que no es simple lucha por el poder, sino una “altísima vocación” al servicio del Bien Común. Denuncian el clientelismo, la compra de votos, el desequilibrio entre los poderes del Estado y la falta de auténticos espacios de participación. Al mismo tiempo, piden a la Iglesia convertirse y formar ciudadanos con conciencia crítica, capaces de exigir transparencia y de involucrarse en la vida pública con honestidad.

En la economía, reconocen algunos avances macroeconómicos del país, pero subrayan que el crecimiento no llega a todos. La mala distribución de la tierra, la pobreza rural, la informalidad laboral y los salarios que no alcanzan muestran una “economía de la exclusión”. Se propone priorizar el empleo digno, apoyar a pequeños productores, medir la economía con indicadores sociales y ambientales y gestionar los bienes eclesiales con austeridad y rendición de cuentas.

El cuidado de la casa común es otro eje central. Aunque Paraguay tiene leyes ambientales, su cumplimiento es débil. El extractivismo, la deforestación, la contaminación de ríos y suelos golpean sobre todo a los pobres. La carta llama a una conversión ecológica: cumplir las leyes, proteger a los defensores del ambiente, educar en ecología integral y revisar los propios estilos de vida y prácticas dentro de la Iglesia.

La justicia aparece como un bien común intangible y decisivo. Sin un Poder Judicial independiente, accesible y honesto, el Estado de derecho se vuelve una fachada. La mora judicial, la interferencia política y la percepción de que “la ley solo cae sobre los pobres” destruyen la confianza. Se anima a defender la independencia de los poderes, apoyar a los jueces justos y capacitar a la ciudadanía para usar los mecanismos de control y denuncia.

También se abordan la educación, la salud y la protección social. La alta deserción escolar, la baja calidad educativa y la falta de inclusión muestran que no todos tienen las mismas oportunidades. En salud, la baja inversión pública, la fragmentación del sistema y el peso de los gastos en las familias convierten la enfermedad en una causa de pobreza. En protección social, los programas dispersos y el clientelismo dejan fuera a quienes más necesitan. La carta propone políticas integrales que articulen educación, salud, trabajo y cuidados, con prioridad a la niñez, la juventud, las mujeres y los adultos mayores.

Dos palabras atraviesan todo el texto: corrupción y participación. La corrupción es presentada como un pecado grave que roba a los pobres y destruye el Bien Común. Pero no se queda solo en la denuncia: ofrece un camino positivo, la participación organizada. Cuando la ciudadanía se informa, controla, vota con conciencia, apoya a los honestos y se involucra en su comunidad, la corrupción pierde terreno y la esperanza se hace visible.

Al final, la carta invita a un gran pacto nacional por el Bien Común, que ponga en el centro a los más pobres y sane nuestras instituciones. Cada bautizado está llamado a preguntarse: ¿qué pongo yo en común?, ¿cómo cuido lo que es de todos?, ¿de qué manera participo? “Denles ustedes de comer” hoy significa ofrecer tiempo, capacidades y compromisos para que en Paraguay haya pan, justicia y futuro para todos.

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