Locales

Historias de fe bajo el manto azul de Caacupé

El inicio del novenario en Caacupé llenar la explanada de la Basílica este viernes, y entre miles de peregrinos que llegaron desde distintos puntos d…

| Por Judiht Vazquez

El inicio del novenario en Caacupé llenar la explanada de la Basílica este viernes, y entre miles de peregrinos que llegaron desde distintos puntos del país, una figura llamó la atención, vestida con el traje que simboliza a la Virgencita, Doña Leonarda renovó una tradición que la acompaña desde que tenía apenas cinco años.

LEA TAMBIÉN: Paraguayos residentes en Argentina inician su viaje anual hacia Caacupé

Cada inicio de novenario es para ella una cita ineludible. Lo fue en su infancia, cuando vestirse como la Virgen era la promesa familiar transmitida de generación en generación, y lo es ahora, cuando aquella vestimenta pasó a ser su propia forma de agradecer lo que denomina “el milagro de la vida”.

Doña Leonarda Arzamendia, vestida con el atuendo representativo de la Vigen de Caacupé.

Meses atrás, su hijo enfrentó un accidente, que según comentó, casi le arrebató el futuro. “Estuvo entre la vida y la muerte”, recuerda. Hoy, ya recuperado, la peregrinación de Doña Leonarda tiene un sentido distinto. Vuelve a la Basílica, pero esta vez para cumplir una promesa que mantendrá, asegura, “hasta que Dios y la Virgencita de Caacupé lo permitan”.

Cabañas, la chacra y una fe que creció con la tierra

Doña Leonarda compartió su historia de vida, nació y creció en Cabañas, en un entorno marcado por el trabajo de la tierra. Comentó que desde pequeña aprendió a sembrar, regar y cosechar, tareas que, aunque exigentes, le permitieron sostener a su familia y ofrecer educación a sus hijos. “De la chacra salió todo lo que hicimos”, relata, recordando que incluso en los momentos más difíciles nunca le faltó esperanza.

Su peregrinación cada año, y con mayor razón en este novenario, es un gesto que combina gratitud y fortaleza. Para ella, Caacupé es el espacio donde vuelve a sus raíces, donde recuerda a quienes ya no están y donde entrega a la Virgen su trabajo, su salud y el futuro de sus hijos.

Fe entre madre e hijo

Entre la multitud también se encontraba Laura García, una joven madre que llegó acompañada de su hijo, ambos vestidos con el característico manto azul de la Virgen.

Laura compartió su experiencia de vida y lo que la llevó hasta los pies de la Virge. Hace tres meses, ella y su marido sufrieron un accidente que marcó profundamente a la familia, hoy, su esposo sigue en estado delicado y por esta razón caminó hacia la Basílica guiada por un único propósito, pedir por la recuperación de su marido y agradecer que, pese a las dificultades, siguen juntos.

“Vinimos a dar gracias y a pedir fuerzas para seguir”, comentó Laura.

El manto azul como símbolo de promesas y esperanza

Mientras el lema del novenario invita a reflexionar sobre el bien común y la vida digna, las historias de Doña Leonarda y Laura se entrelazan en un mismo símbolo, el manto azul que cubre y acompaña a los peregrinos en su camino.

Para algunas, representa la gratitud por la vida, para otras, la fuerza de sostener a la familia. Para todas, es un recordatorio de que cada promesa tiene detrás un camino de lucha, silencios, miedos, agradecimientos y esperanzas.

LEA MÁS: Caacupé 2025: comienza el novenario con más servicios y fe multitudinaria

También te puede interesar

Últimas noticias