El Fondo proyecta una expansión de apenas 2,4% para el 2025 y 2,3% en el 2026, lo que refleja una recuperación lenta y desigual. A esto se suma un endeudamiento creciente que presiona los presupuestos nacionales y limita el margen de maniobra de los gobiernos.
El FMI advierte que los “balances estructurales” —indicadores que miden la salud fiscal— se deterioraron respecto a las previsiones de hace un año. Esto implica que los países están gastando más de lo que ingresa, sin un ajuste claro a la vista.
En el grupo de las siete principales economías de la región (conocido como “LA7”), la deuda pública promedio alcanzaría 69,9% del PIB en el 2025, frente al 68,2% previsto para este año. En Brasil, superará el 90% del PIB, mientras que otras economías muestran una tendencia similar.
El organismo advierte que, de continuar esta dinámica, la región podría volver a los niveles críticos de endeudamiento registrados durante la pandemia, cuando los Estados se vieron obligados a financiar programas de emergencia para evitar un colapso social.
Para revertir el deterioro fiscal, el FMI plantea la necesidad de una “consolidación creíble y gradual”, centrada en mejorar la recaudación y optimizar el gasto público. El objetivo no es aplicar recortes drásticos, sino reasignar recursos hacia inversiones estratégicas y programas sociales sostenibles.
En paralelo, recomienda eliminar subsidios ineficientes y diseñar sistemas tributarios que amplíen la base de contribuyentes sin desalentar la inversión privada. En otras palabras: recaudar más, gastar mejor y rendir cuentas con transparencia.
El desafío, sin embargo, no es solo contable. La región necesita estabilidad fiscal sin sacrificar crecimiento, una combinación difícil en un contexto global de tasas altas y volatilidad de los mercados.
El informe también pone especial énfasis en la independencia de los bancos centrales, un pilar que el FMI considera esencial para mantener la confianza de los mercados y contener la inflación.
En las últimas dos décadas, varias economías latinoamericanas fortalecieron sus instituciones monetarias, adoptando metas de inflación y políticas más predecibles. Esa independencia permitió enfrentar los recientes shocks de precios sin desbordes mayores.
El Fondo advierte que ese progreso no puede darse por garantizado. Propone reforzar la autonomía institucional, la transparencia y la rendición de cuentas para evitar presiones políticas que puedan distorsionar las decisiones monetarias.
Más allá del frente fiscal, el informe alerta sobre un mal más profundo: la baja productividad y la escasa inversión. El crecimiento potencial de la región se mantiene en torno al 2,5% anual, muy por debajo de otras economías emergentes.
El FMI apunta que la débil integración comercial, las brechas tecnológicas y los marcos regulatorios inestables frenan el desarrollo. Propone apostar por reformas estructurales que impulsen la innovación, mejoren la infraestructura y fortalezcan la educación como motor de competitividad.
Un llamado a la acción
El mensaje del Fondo es directo: América Latina no puede seguir postergando las reformas que garanticen su estabilidad a largo plazo. La deuda creciente y la baja productividad amenazan con dejar a la región atrapada en un ciclo de crecimiento débil y vulnerabilidad financiera.
En un escenario global complejo, donde las tensiones comerciales y el cambio climático presionan sobre las economías emergentes, el tiempo para actuar es ahora.
La región puede optar por ajustes improvisados o construir políticas de Estado que trasciendan los ciclos políticos. Reducir la deuda, fortalecer las instituciones y apostar por un desarrollo sostenido ya no son recomendaciones técnicas, sino condiciones básicas para asegurar el futuro económico latinoamericano.


