Fitch Ratings revisó la perspectiva de Paraguay de estable a positiva y confirmó la calificación soberana en BB+. No es un simple ajuste técnico: es una señal de que, si el desempeño continúa, el siguiente paso podría ser el ansiado grado de inversión. La decisión reconoce tres pilares: crecimiento robusto, disciplina fiscal y una agenda de reformas en marcha que empieza a rendir frutos.
Según Fitch, la economía paraguaya crecería 4,8% en el 2025, tercer año consecutivo por encima del potencial privado (3,5%-3,8%) y superior al 4,2% estimado para el 2024. El primer semestre del 2025 ya mostró un 5,9% en ambos trimestres, con motores diversificados: servicios, manufactura y construcción sostuvieron la actividad pese a una merma agrícola. La lectura de fondo: el país depende cada vez menos del vaivén del campo y gana tracción en sectores intensivos en empleo y valor agregado.
La otra gran razón detrás del cambio de perspectiva es la cartera de inversiones: proyectos que equivalen al 16% del PIB proyectado para el 2025. Destaca Paracel —planta de celulosa de US$ 3.800 millones, cerca del 8% del PIB—, cuyo impulso se sentirá durante la construcción y, luego, en exportaciones una vez operativa. Se suma ATOME Fertilizer (2,2% del PIB), que aseguró recientemente un contrato de compra a 10 años, anclando demanda y financiabilidad. Estos “anclajes” reducen la incertidumbre y mejoran la previsibilidad de los flujos futuros.
En el frente de precios, la inflación promedió 4,1% hasta septiembre y marcó 4,3% ese mes por factores estacionales ligados a alimentos. La tasa de política monetaria permanece en 6% desde marzo del 2024, lo que mantiene ancladas las expectativas a 24 meses en torno a la meta del BCP (3,5%). Sin sorpresas y con prudencia: eso también pesa en la evaluación de los mercados.
El tercer sostén del Outlook Positivo es la consolidación fiscal. El plan oficial apunta a cerrar el 2024 con un déficit de 1,9% del PIB y regresar al límite legal de 1,5% en el 2025. La deuda pública habría alcanzado su máximo en 37,8% del PIB este año y bajaría a 35% en el 2025 y 34% en el 2027. Más importante aún, se está corrigiendo una vulnerabilidad histórica: la alta dolarización de la deuda. La porción en moneda extranjera cayó a 84,2% en agosto (desde 90% a fines del 2023), ayudada por la emisión de US$ 600 millones equivalentes en bonos globales en guaraníes en febrero. Reducir el “mismatch” cambiario mejora el perfil de riesgo y amortigua shocks externos.
No todo es viento a favor. Fitch observa un déficit de cuenta corriente más amplio (3,9% en el 2024) por importaciones de bienes de capital y factores transitorios, aunque subraya que los colchones externos siguen sólidos: reservas para 5,8 meses de pagos corrientes, por encima de la mediana de BB (4,8 meses). También recuerda límites estructurales, como un mercado de capitales doméstico todavía poco profundo y desafíos de gobernanza que llevan tiempo revertir. Pero en el balance, el mensaje es claro: la trayectoria va en la dirección correcta.
El componente político-económico también cuenta. La administración Peña impulsó más de 20 reformas en sus primeros dos años y presentó otras 10, entre ellas nuevos incentivos fiscales para atraer inversión extranjera y ajustes al régimen de maquila. Esta “hoja de ruta” procrecimiento, si se ejecuta bien, puede elevar el PIB potencial, formalizar empleos y ampliar la base tributaria sin subir impuestos, lo que hace creíble una consolidación fiscal sostenible.
El ministro de Economía y Finanzas, Carlos Fernández Valdovinos, celebró la noticia subrayando su efecto práctico: “Luego de siete años, Fitch mejora la perspectiva de nuestra calificación de riesgo a positiva. Paraguay se consolida como una economía con excelente desempeño y con políticas públicas creíbles y sostenibles. Esto significará mejores condiciones financieras (tasas y plazos) para la deuda a ser emitida; no solo para el sector público sino, más importante, para las compañías privadas que accedan a mercados globales”. En otras palabras: un país mejor calificado abarata su financiamiento y, por arrastre, el del sector productivo, habilitando más inversión y empleo.
¿Qué implica para el día a día? Primero, que el Estado podría financiarse a menor costo, liberando recursos para infraestructura, salud o educación. Segundo, que las empresas con proyectos bancables, desde agroindustria hasta logística y energía, tendrían más puertas abiertas y a mejores tasas. Tercero, que la estabilidad macro sostenida (inflación acotada, reglas claras, prudencia fiscal) empieza a traducirse en confianza. Y la confianza es la “moneda” que decide dónde se invierte.
El cambio de perspectiva no es un trofeo para la vitrina; es una oportunidad condicionada. Para que se transforme en un ascenso efectivo de calificación, Paraguay deberá perseverar: ejecutar la cartera de inversiones con disciplina, evitar desvíos fiscales en un año político, seguir profundizando el mercado de deuda en guaraníes y fortalecer instituciones que respalden el crecimiento inclusivo. El mapa luce mejor que hace un año. El desafío es sostener el rumbo.
Con crecimiento por encima del potencial, inversiones que comienzan a materializarse, inflación contenida y un Estado que ordena sus cuentas, Paraguay vuelve a aparecer en el radar de los grandes fondos como una historia de estabilidad y expansión. Fitch ya lo marcó con tinta positiva. El resto depende de la ejecución.


