La geopolítica mundial sumó un capítulo clave el pasado 17 de septiembre del 2025. Ese día, Arabia Saudí y Pakistán firmaron un acuerdo de defensa mutua, el primero de carácter formal entre dos potencias musulmanas. Aunque la noticia pasó desapercibida en gran parte de la prensa internacional, sus implicancias podrían transformar el equilibrio militar en Oriente Medio, redefinir el papel de Estados Unidos en la región e incluso abrir el camino hacia una “OTAN islámica”.
Lo novedoso del acuerdo es su naturaleza vinculante. A partir de ahora, cualquier ataque contra uno de los dos países será considerado una agresión contra ambos, replicando la lógica del artículo 5 de la OTAN. Esto convierte a la asociación en mucho más que un memorándum de cooperación militar: se trata de un compromiso integral que incluye defensa mutua, ejercicios conjuntos, programas de transferencia tecnológica y desarrollo de armamento.
La consecuencia más llamativa es que Arabia Saudí queda bajo el paraguas nuclear de Pakistán, que posee unas 170 ojivas atómicas. Para Riad, esta cobertura era una aspiración histórica, largamente mencionada por analistas y políticos. De hecho, se recuerda que en el 2024 el periodista Bob Woodward citaba al príncipe heredero Mohammed bin Salman señalando que, si no podía fabricar una bomba, simplemente “compraría una en Pakistán”. El pacto materializa esa visión.
Vínculos históricos que se consolidan
Aunque la firma es reciente, los lazos entre ambos países se remontan a décadas atrás. Arabia Saudí ha apoyado financieramente a Pakistán en múltiples ocasiones, incluso durante su programa nuclear en los años 90, cuando le otorgó crudo gratuito y respaldo económico para resistir sanciones internacionales.
A cambio, Islamabad ha proveído de entrenamiento militar y protección a la monarquía saudí, desplegando tropas en la frontera durante la guerra Irán-Irak y enviando asesores para fortalecer a las fuerzas armadas del reino. El acuerdo de septiembre formaliza y amplía esta relación, llevando el vínculo a un nivel sin precedentes.
Implicaciones para la región
El pacto surge en un contexto de creciente incertidumbre en Oriente Medio. Los recientes ataques israelíes en Doha y la escalada de tensiones con Irán evidenciaron la vulnerabilidad de las capitales árabes. La sensación en Riad es que Estados Unidos ya no es un socio confiable en términos de seguridad, especialmente desde que la independencia energética del fracking redujo la dependencia norteamericana del crudo saudí.
La asociación con Pakistán no solo otorga músculo militar y disuasión nuclear, sino que también abre la puerta a nuevos equilibrios financieros y estratégicos. Arabia Saudí podría diversificar la venta de petróleo más allá del dólar, incorporando monedas como el yuan, lo que implicaría un golpe significativo para la hegemonía estadounidense. Además, el acuerdo facilita la integración del petróleo saudí en corredores energéticos hacia China, reduciendo la exposición a puntos críticos bajo control occidental.
Para China, la alianza es una buena noticia: fortalece su seguridad energética, incrementa la influencia en el Golfo y acerca a Riad al complejo militar-industrial chino. En contraste, Estados Unidos, India e Israel aparecen como los grandes perdedores potenciales.
Washington ve debilitada su capacidad de control sobre Arabia Saudí.
India se enfrenta a un Pakistán revitalizado con acceso a mayores recursos financieros y energéticos.
Israel percibe reducida su ventaja militar relativa, ante la posibilidad de que Arabia Saudí cuente con respaldo nuclear.
Si la alianza se expandiera a otros países de la región —como Emiratos Árabes Unidos, Egipto o Jordania— podría gestarse una verdadera coalición militar islámica, con financiación casi ilimitada, demografía numerosa y capacidad de influencia global.
El desafío será comprobar si esta asociación se convierte en un bloque estable o si se trata de un proyecto frágil, condicionado por tensiones internas y equilibrios cambiantes. Arabia Saudí aporta capital y ambiciones políticas a través de su plan Visión 2030; Pakistán, en cambio, ofrece experiencia militar y poder nuclear, aunque arrastra una grave crisis económica.
Lo cierto es que, en conjunto, el binomio Riad-Islamabad reúne recursos energéticos, peso religioso y capacidad militar suficientes para reclamar un lugar en el tablero mundial. Su pacto podría marcar el inicio de una nueva era en la geopolítica de Oriente Medio, donde Estados Unidos pierde protagonismo y China gana influencia.


