La casa propia es base de la equidad

El techo propio es sinónimo de estabilidad. Poseerlo eleva la autoestima al hacer realidad ese “sí pude”. Contribuye a la seguridad al otorgar sentid…

| Por La Tribuna-
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El techo propio es sinónimo de estabilidad. Poseerlo eleva la autoestima al hacer realidad ese “sí pude”. Contribuye a la seguridad al otorgar sentido de pertenencia. Representa estatus y formalidad. Por ello, y por otros factores positivos, debe avanzarse en la fusión público-privada para corregir el déficit habitacional que persiste en Paraguay.

Mirar al pasado o quedarse en el mero plagueo no arroja resultados positivos, menos aún si no se aporta nada. La inclusión pasa por trabajar en el presente y auxiliar a las familias a acceder a su techo propio. Dentro de un plan ambicioso y de mayor alcance, esta dinámica impulsa la economía, pues las obras requieren desde centenares hasta miles de puestos laborales.

La vivienda genera satisfacción en alta escala. Conduce a la madurez y potencia la imagen familiar, ya que el hogar seguro se constituye en pilar del bienestar general. Es expresión de éxito.

Toda persona anhela ser dueña de una morada. Es una meta personal, refugio de la intimidad, espacio de tranquilidad e incluso depósito de los momentos difíciles que la vida impone.

Tener un espacio propio significa libertad e independencia. Es patrimonio. No en vano vemos, especialmente en televisión, a padres y abuelos llorar de emoción al recibir por primera vez la llave de su hogar.

Esas imágenes emotivas, profundamente significativas para la gente sensible, merecen comprenderse en su real concepto. La casa es satisfacción, fortalece la confianza y, en palabras breves y directas, es amor propio.

Por todo lo expuesto, resulta auspicioso el plan que desarrolla el Ministerio de Urbanismo, Vivienda y Hábitat con “Che Róga Porã” (Mi Casa Linda). Es un programa de largo plazo con tasa de interés accesible. Más que poner trabas a su ejecución, se debe evaluar su calidad en tiempo, forma y cantidad.

Son necesarias esas condiciones, pues uno de los roles esenciales del Estado es permitir a las familias cumplir el sueño de tener su propio hogar. En ese ideal, las ofertas deben diversificarse: compra de departamentos o casas, construcción en terreno propio o ampliación de viviendas existentes.

Las sociedades prosperan con obras sociales de este tipo. En la medida en que más paraguayos y paraguayas accedan a un techo digno, habrá mayores posibilidades de avanzar hacia un Paraguay más equitativo. La casa propia es, en efecto, una de las principales bases de la justicia social.

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