Hay pasiones que trascienden el paso del tiempo y competencias donde el cronómetro pasa a un segundo plano para cederle el protagonismo al abrazo fraternal, las historias compartidas al costado del camino y la complicidad entre amantes del automovilismo histórico.
Ese espíritu fue, una vez más, la verdadera brújula que guió una exitosa edición del Rally de San Ignacio, una de las citas más esperadas del Campeonato Nacional de Regularidad organizado por el Club de Vehículos Antiguos del Paraguay (CVAP).
Un total de 32 tripulaciones dieron vida a dos jornadas intensas e inolvidables que no solo pusieron a prueba la precisión en la navegación y el buen estado de las joyas sobre ruedas, sino que reafirmaron el fuerte vínculo de amistad y camaradería que define a esta comunidad.

Un viaje federal impulsado por la amistad
El itinerario comenzó el sábado 5 de septiembre desde Villeta, donde la grilla de partida vibró con el sonido característico de los motores clásicos y deportivos. La primera etapa condujo a la caravana hacia el sur del país, en un trazado donde el paisaje paraguayo sirvió como marco perfecto para el constante intercambio de señas, apoyos mecánicos y sonrisas entre los participantes.
La parada intermedia en Pilar ofreció una pausa reparadora y el espacio idóneo para que los pilotos y copilotos compartieran anécdotas antes de emprender el tramo final hacia San Ignacio Guazú. En estas competencias de regularidad, la sintonía dentro del habitáculo es clave, pero el ambiente fuera de los autos resulta igual de vital: competidores que en la ruta cuidan cada segundo, en las paradas se convierten en consejeros y amigos dispuestos a brindar una mano solidaria al compañero que lo necesite.
La dimensión cultural del encuentro no se hizo esperar. Durante la jornada sabatina, la delegación realizó una enriquecedora visita al MUVA, sumergiéndose en el rico legado guaraní-jesuítico de la región. Este tipo de actividades subraya que el Rally de San Ignacio es mucho más que una prueba deportiva; es un punto de encuentro para el turismo, el aprendizaje colectivo y el fortalecimiento de los lazos humanos entre familias y apasionados de distintas generaciones.

Precisión, cultura y la alegría del regreso
El domingo 6 de septiembre, desde las primeras horas de la mañana, la competencia retomó su marcha desde San Ignacio para disputar la segunda y decisiva etapa. La hoja de ruta exigió máxima concentración, precisión de relojero y destreza al volante por carreteras que conectan la memoria automotriz del Paraguay.
El punto final del recorrido tuvo lugar en la pintoresca localidad de Quiindy, donde el público y las propias tripulaciones celebraron el cierre de un fin de semana lleno de emoción y camaradería. La llegada no solo significó el término del desafío técnico, sino la consumación de una fiesta donde la deportividad primó en todo momento.
Los destacados en el cronómetro
Aunque el valor supremo fue la fraternidad, la destreza conductiva también tuvo a sus grandes ganadores. En la Clasificación General, el escalón más alto del podio fue ocupado por la dupla conformada por Jacques Michel Balansá Schipper y Sergio Balansá. El segundo puesto correspondió a Pilar García y Eduardo González, mientras que la tercera posición fue para Esteban Gauto y Michael Meier.


